martes, 20 de junio de 2017

Libro de los privilegios de Nerja y Torrox

El Archivo Histórico Provincial de Málaga restaurará el Libro de los privilegios de Nerja y Torrox de 1705


MÁLAGA|
El Archivo Histórico Provincial de Málaga restaurará el Libro de los privilegios de Nerja y Torrox de 1705
El Archivo Histórico Provincial de Málaga restaurará el Libro de los privilegios de Nerja y Torrox de 1705 MÁLAGA | EUROPA PRESS
El Archivo Histórico Provincial de Málaga se encargará de la restauración del Libro de Privilegios de los municipios malagueños de Nerja y Torrox. Dicho volumen documental, datado en 1705, contiene la real provisión mediante la cual Felipe V confirma los privilegios y franquezas que fueron otorgados por diversos reyes a ambas villas.
El conjunto documental ha sido entregado este viernes a la institución archivística, que gestiona la Junta de Andalucía, por la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Nerja, Ana Isabel Iranzo, en un acto en el que ha sido recepcionado por la directora del Archivo, Esther Cruces.

Cruces ha destacado la iniciativa municipal que promueve esta restauración "cuidando de preservar, en las mejores condiciones posibles, aquella documentación que forma parte del patrimonio, la idiosincrasia y la historia de su localidad y guarda el testimonio de hechos que fueron trascendentales para la vida del municipio", ha añadido.

El libro es un documento formado por varios folios que se encuadernaron para su mejor conservación en forma de volumen. El documento se auto intitula 'Confirmación a las villas de Torrox y Nerja que son en tierra de la ciudad de Vélez Málaga de un privilegio que tienen de diferentes excepciones y franquezas en el contenidas: concertado'.

Este tipo de documentos expedidos por la Corona estaban encaminados a atraer población para estas villas que había sido incorporadas a la Corona de Castilla a finales del siglo XV, villas fronterizas que aún corrían peligro y que necesitaban atraer pobladores mediante incentivos fiscales, según han informado desde la Junta.

El paso del tiempo, la manipulación excesiva y la inadecuada instalación han provocado que el documento de los privilegios de ambas villas tenga actualmente un estado de conservación delicado, como consecuencia de diversas patologías derivadas de factores de alteración físicos, químicos, biológicos y mecánicos.
Ahora el taller del Archivo Histórico Provincial va a proceder a la restauración de este documento, así como de la copia de la Real Ejecutoria de la Puebla de Nerja para la entrega de los huertos, casas y tierras de ella de 1747 y la Toma de posesión de casas, huertos y dehesas de 1750.

martes, 13 de junio de 2017

Ramón Fernández Palmeral, más de 40 libros en Amazón y en LULU




La venta electrónica es cada vez más importante para nosotros. Pero los autores, al ser tantos, somos cada vez más invisibles. Los autores de Amazon hemos de pagar publicidad situar nuestros líbros en las ventenas preferentes del mercado, en las primeras pantallas. Siempre hay que pagar, es como la publicidad en PEensa, no es gratis.
Las librerias no pueden asumir todos los libros impresos que se editan en las importantes editoriales, cuando en España a penas se complan libros. Los agentes litearios no quieren originales de libros no solicitado. Para que edidor que publique has de ser primer famoso, esto es el mundo al reves, empezar por el tejando. han de ganar un premio liteario importante, ¿Cómo se hace esto? La venta de los libros electrónicos no es que deben ser mas visibles, sino que se necesitan liberías electróncias especializadas.
Un periódico contrata y paga a ciertas firmas, que tienen bula para escribir lo que le da la gana, como le pasa a ciertas firmas contrador por Pensa Ibérica, o Prisa, ABC, etc.

Ramón Palmeral y su libro es AMAZON son estos:

AMAZON.
https://www.amazon.es/s/ref=nb_sb_noss?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&url=search-alias%3Daps&field-keywords=ramon+fernandez+palmeral


LULU

Foto de algunos libros de Ramón Fernández Palmeral:

Jean-Marie Roughol de mendigo a escritor.

Un indigente logra un techo gracias al éxito de su libro

Jean-Marie Roughol ha vendido más de 40.000 ejemplares de su obra, en la que desgrana sus más de 20 años pidiendo limosna


El indigente Jean-Marie Roughol pide limosna en París, el pasado abril.
La salvación de Jean-Marie Roughol fue una frase de desprecio viajando hacia los oídos adecuados. Este indigente parisino pedía limosna en los Campos Elíseos cuando vio cerrar el candado de su bicicleta a Jean-Louis Debré, exministro del Interior y uno de los políticos más reputados de Francia. Roughol lo reconoce y le propone vigilársela mientras el dirigente entra a un complejo de tiendas. La breve conversación atrae la atención de una pareja. "¿Has visto? ¡Debré está hablando con un vagabundo!", le suelta él a ella en tono burlón. Lo oyen, y en un impulso de rabia, Debré le espeta la frase que lo cambiaría todo. "Escucha Jean-Marie, yo creo que tú tienes mucho más que contar que esa gente. Escríbeme tu historia. Escríbeme tu vida. Escríbeme un libro. Yo lo corregiré y encontraré un editor".
De ese encuentro fortuito con el antiguo ministro allá en 2013 salió a la luz dos años después una obra: Pido limosna: una vida en la calle, que ha vendido más de 40.000 ejemplares. Su éxito le llevó a entrar en la lista de los más vendidos en Amazon Francia y a ser traducido al chino, el coreano o el checo. Fue el inicio de un cambio de vida. Roughol tiene un techo desde que cobró los derechos de autor el año pasado. Un giro radical para un hombre que a sus 49 años ha habitado en esa despiadada trituradora de personas llamada calle la mayor parte del tiempo en las dos últimas décadas y ha salido con vida.
En su vivienda parisina, un pequeño estudio por el que paga 530 euros al mes de alquiler, la cafetera ruge. Roughol presume de fumar menos y enciende un cigarrillo cada veinte minutos. El debate político resuena en la televisión ante la inminencia de las elecciones. El izquierdista Jean-Luc Mélenchon es su preferido. "Un hombre que piensa en los desfavorecidos", le alaba. En la pared, sobre un mapa de París, aparecen señalados más de una decena de emplazamientos. Son los lugares donde ha ejercido la mendicidad.
El relato de Roughol, tanto en las páginas de su libro como de viva voz, es la historia de un buscavidas. Días y noches al raso. Las avenidas y bulevares de París, tan agradecidos con el viajero de paso, convertidos en armas mortíferas para sus inquilinos. De sus inhóspitas calles se refugia en andenes de metro habitados por ratas del tamaño de gatos y toxicómanos con la mirada perdida que algunas noches gritan entre delirios. También en los huecos de la escalera de cualquier edificio, de donde lo echan de malos modos; en casas okupadas sobre las que pende la amenaza de la llegada de la policía; en hostales plagados de cucarachas; bajo los cartones en cualquier esquina, o en albergues nauseabundos en los que apenas pega ojo víctima de robos y de la sinfonía de gases y ronquidos ajenos. A veces sube al último metro, se esconde bajo los asientos cuando todos los pasajeros salen, y al llegar el vehículo al garaje donde pasa la noche, sale de su guarida y se tumba a dormir en el vagón vacío, protegido de la inclemente meteorología.
Su primera noche en la calle, desorientado, sucio, recién retornado de hacer el servicio militar, sin haber cumplido aún los 20 años, sin familia ni trabajo, la pasa entre los arbustos del parque parisino de Buttes-Chaumont, oculto a los ojos de los guardias. Al día siguiente descubre las duchas públicas y trucos para procurarse comida. "Resbuscaba en las papeleras. Las cercanas a panaderías y tiendas de alimentación eran las mejor surtidas. Encontraba pan, dulces todavía envueltos o frutas".
Como recuerda entre calada y calada, cada jornada era para él un nuevo aprendizaje en el arte de sobrevivir. No son raros sus encontronazos violentos por el territorio. Sobre todo con bandas del Este. Toma consciencia de los peligros y empieza a llevar encima una navaja o un bastón para protegerse. "Si quieres echarme tendrás que matarme", dice a los que tratan de expulsarle de la zona donde pide limosna. Allí le acompañan amigos con los que forma un grupo digno de Los Miserables de Victor Hugo. Patrick, el hombre callado que solo da los buenos días. Gilles, el inventor de historias inverosímiles. Los veranos son la peor época. Deshidratado bajo la tiranía del sol y con los contribuyentes habituales de vacaciones, descubre que los turistas son un mal negocio para el sintecho. Nada que ver con el maná de la Navidad.
Antes de publicar el libro, en los días más productivos recauda unos 60 euros. En su camino se topa con lo peor de la condición humana. "No queremos vagabundos en Francia", le gritan entre insultos. A la vez constata la existencia de pequeños milagros: el desconocido que le da 300 euros. El bar que le permite comer gratis. Las anónimas manos que dejan una moneda en su vaso.
Cuando Debré le propuso escribir el libro, su primera reacción fue de vértigo. "No sé escribir, tengo faltas de ortografía", le advirtió. Pero dijo sí. Durante un año y medio alternó la escritura con el vaso extendido al viandante a modo de súplica. En ese tiempo vuelve sobre recuerdos lejanos y recientes. El vagabundo escribiendo en un parque o un café. El vagabundo haciendo memoria del abandono de su madre a los cinco años, de las brutales palizas de su padre, un camionero alcohólico, y del maltrato de los padres adoptivos con los que convivió temporalmente. El vagabundo, entonces niño, inventándose el regalo de cochecitos en Navidad para no ser el único del aula en admitir que Papa Noel no fue a su casa. El vagabundo recordando el día en que dos hombres intentaron robarle la mochila cuando pedía limosna y logró echarlos a golpes.
Llena cuadernos y se reúne con Debré en cafés de París, donde lo invita a comer mientras discuten sobre el texto. Alguna vez se ven en su elegante despacho del Consejo Constitucional y Roughol se mueve impresionado entre sus majestuosas estancias doradas. El político lo entrevista durante horas para llenar las lagunas de su historia. En ella hay momentos en los que parece salir del agujero con trabajos temporales, reparando averías como electricista o preparando crepes junto a los clubes de striptease de Pigalle. Con sus empleadas comparte lecho alguna noche. También hay momentos oscuros: fue detenido y multado por robar en una casa, aunque no entró en prisión.
La vida de Roughol es ahora cómoda. Duerme caliente, come caliente, se ducha caliente. Y de ser parte invisible del mobiliario urbano ha pasado a recorrer los estudios de radios y televisiones. La fama no ha zanjado la inquietud sobre su futuro económico más allá del libro. Dice que por eso cada mañana se lanza a la calle y sigue pidiendo dinero a los viandantes. Más aseado y mejor afeitado que tiempo atrás.
En el camino hacia el lugar habitual donde pide, un indigente se le acerca intuyendo en él a un personaje importante al ver que está siendo grabado por un cámara para este reportaje. Huele el dinero. Le implora unas monedas para un café y Roughol, que se sabe observado, se las da y le cuenta que él también es un hombre de la calle tendiéndole su libro como prueba. El joven le observa con incrédula admiración y se despide de él con un apretón de manos.
En la cálida forma de saludar y relacionarse con los que están habituados a verle pedir en la calle se atisban en Roughol motivaciones que desbordan la cuestión financiera. Reconoce que le empuja una cierta nostalgia. Como el preso que quiere regresar a prisión porque añora a sus compañeros de celda o simplemente porque el ser humano es un animal de costumbres. Porque como ha conocido en la persona de algunos de sus compañeros de periplo (muertos de frío, accidentes o enfermedades) la calle mata, pero es el centro de un inagotable universo de estímulos que ahora no encuentra en el silencio de su pequeño apartamento.
Entre sus paredes, dedica las tardes a escribir la adaptación de la obra al teatro buscando prolongar el éxito que le sacó de las esquinas. Ha descubierto que las palabras, mezcladas de una determinada manera, también pueden salvar vidas. "Si no hubiera escrito el libro, seguramente yo también habría muerto en la calle".

lunes, 12 de junio de 2017

la función de los agentes literarios. Contactar con uno es tan imposible como contactar con un editor.

Tan importante se vuelve la función del agente literario en el contexto actual, que en los grandes mercados no hay escritores que no tengan agente. Los editores por lo general prefieren recibir un manuscrito de un agente que del autor, y así se lo hacen saber a quienes les escriben directamente.
 El agente les garantiza al edito que, si les ofrece una determinada obra, es porque ya sabe que es adecuada para su catálogo y su política editorial. En síntesis, el agente funciona como el primer comité de selección de la editorial, y a veces como el único. Cuando Doubleday, una de las más importantes editoriales de los Estados Unidos, decidió hace un par de años no aceptar más propuestas recibidas directamente de los escritores, estaba recibiendo más de 10.000 manuscritos anuales. Como consecuencia, hoy en la librería virtual Amazon, aparecen más de una docena de libros al estilo de "guía práctica para conseguir un agente literario y llegar a ser publicado". Desde el punto de vista del autor, es difícil pensar en llegar al editor adecuado en forma directa. Por ejemplo, en nuestro idioma y simplificando mucho, hay unas 500 editoriales activas entre España y América Latina ¿Cómo saber a cuáles enviar un manuscrito?

 Contar con un agente literario, por supuesto, facilita mucho las cosas, ya que ellos conocen muy bien cómo conseguir un trato (no en vano es su trabajo). Sin embargo, conseguir uno puede ser tan difícil como conseguir que una editorial nos publique por nuestra cuenta. Es decir, nos facilitará el camino, pero no todos nos aceptarán. Al trabajar por comisión, no van a perder el tiempo con propuestas que no merezcan la pena. Hay que pasar por su filtro, al igual que hay que pasar por el de las editoriales. (Nereda)

domingo, 11 de junio de 2017

Almería Hoy. Publica "Juan Goytisolo y los Campos de Níjar"

Juan Goytisolo y 'Campos de Níjar'

A mí, como a Goytisolo, también me produjo una honda impresión el bello paisaje de Almería, la primera vez lo vi, pues uno está acostumbrado a tener como canon de belleza paisajística los verdes bosques del Pirineo, o de Galicia; pero Almería, con el desierto de Tabernas y el litoral del Cabo de Gata, tiene unas peculiaridades únicas.

El escritor Juan Goytisolo (archivo). // EP.
ALMERÍA HOY.

RAMÓN PALMERAL

El pasado domingo 4 de junio falleció a los 86 años en Marrakech (Marruecos) el escritor, viajero y nómada contestarío Juan Goytisolo Gay, Premio Cervantes 2014, a pesar de haber merecido otros importantes premios. La cuestión emocional que me une a Goytisolo se debe a su libro 'Campos de Níjar' (1959) que leí cuando residí en San José (Almería) entre 1983 y 1986, cuya primera frase del libro dice: «Recuerdo la profunda impresión de violencia y pobreza que me produjo Almería...» A mí, como a Goytisolo, también me produjo una honda impresión el bello paisaje de Almería, la primera vez lo vi, pues uno está acostumbrado a tener como canon de belleza paisajística los verdes bosques del Pirineo, o de Galicia; pero Almería, con el desierto de Tabernas y el litoral del Cabo de Gata, tiene unas peculiriedares únicas.

Por mi conocimiento del campo de Níjar y sus localidades, escribí un ensayo titulado 'Tras los pasos de Juan Goytisolo por los Campos de Níjar' — Editorial Palmeral 2005 y en Amazon en 2017—. Un ensayo del que, al tener conocimiento el realizador Nonio Parejo & Asociados de Sevilla, me invitó a ir a Retamar para rodar el documental 'Releyendo Campos de Níjar', que era una serie de entrevistas de intelectuales almerienses con inserción de imágenes de su primera película sobrecogedora y de miseria de 'Campos de Níjar' en blanco y negro, de 1984, con la voz en off de Juan Goytisolo y guión de José Guirao.

Durante los días del rodaje con Nonio Pajero y Pepe Álvarez en el Cabo de Gata —13 y 14 de junio de 2006—, sobre pantalla verde, pues lo reportajes de la zona los filmó él con cámara en un ala delta, ya que los drones aún no estaban en el mercado, hablamos y me enteré de que Juan Goytisolo vivía en Marrakech desde 1976, por eso conocía y le seducía la cultura y el idioma árabe, y fue guionista del programa 'Alquibla' (hablamos de su orientación homosexual, pero en este tema no voy a entrar).

Después del servicio militar obligatorio en las Milicias Universitarias, marchó a París, donde conoce al novelista Jean Genet y a la escritora y guionista francesa Mónica Lange en 1956, con la que, tras vivir 32 años en pareja, se casa en 1976, con la que no tuvo hijos, ella tenía una hija llamada Carole de una relación anterior.

Después del documental 'Releyendo Campos de Níjar', Nonio Parejo realizó otro documental sobre el mismo tema titulado 'El Regreso', que presentó en el Festival de Cine Europeo de Sevilla de 2010. Sobre Almería, Juan Goytisolo tiene dos libros «Campos de Níjar» (1959) y «La Chancha» (1962), dedicado al típico barrio del mismo nombre en la capital almeriense, que le valieron a Goytisolo el título de hijo adoptivo de Almería. Años después, en 1998, sus protestas por las persecuciones de inmigrantes subsaharianos y magrebíes en El Ejido le valdrían ser repudiado como Persona non grata. Después de ganar el Cervantes, el Ayuntamiento de El Ejido reconoció que, oficialmente, no figuraba en las actas de dicho Ayuntamiento tal reprobación.

Al menos, Goytisolo se fue al otro mundo sabiendo la verdad un entuerto que le tenía preocupado, pero que en el fondo, tenía la conciencia tranquila por haber denunciado la situación de semi-esclavitud de los inmigrantes en los invernaderos de El Ejido, porque era una verdad visible y cierta. En 2007 visitó el barrio de La Chanca; tenía empatía con Almería y la gente humilde.

Un catalán que despreciaba ser español: Juan Goytisolo

Juan Goytisolo: lo bueno y lo malo de tener una voz propia

Eternamente insatisfecho, el autor de Señas de identidad quiso hacer de su obra un gran proyecto monumental. Tan mionumental que, a veces, se convirtió en autoparodia.
Si hay algo que nadie puede poner en duda acerca de la obra narrativa de Juan Goytisolo es su ambición. La frustración que le producían sus primeras novelas, representativas hoy del "realismo social" de nuestros años 50, se prolongó en unos interesantes ejercicios periodísticos -incluso de novela documental, como es el caso de La isla, que en Inglaterra, con el título de Sands of Torremolinos se presentaba casi como un reportaje sobre lo que estaba ocurriendo en la Costa del Sol- a comienzos de los 60: Campos de Níjar, La Chanca -sobre el deprimido barrio almeriense-, Pueblo en marcha -sobre la revolución cubana. La labor periodística de Goytisolo volvió a brillar más adelante con sus reportajes balcánicos: era bastante más interesante que sus intervenciones de intelectual comprometido, permanentemente enfadado y protestón contra una oficialidad que, por otra parte, siempre respondió a sus quejas con premios, honores y cursos de verano.
Lo cierto es que la ambición de Juan Goytisolo le llevó a probar sus fuerzos y talentos en un modo de narrar que no se conformara con unas maneras que, en sus propias palabras, no servían más que para poner de manifiesto la impotencia de unos recursos.
Fue así como, en cinco años más dedicado aparentemente al periodismo que a la narración, se entregó a la composición de su primera obra mayor: Señas de identidad, una novela caudalosa en la que, oyendo las lecciones del modernismo, juega con distintas voces y tiempos para hacer una indagación en la propia experiencia -personal y familiar- utilizando a un personaje, el fotógrafo enfermo Alvaro Mendiola, que regresa a España para reencontrarse con un país aplastado por la grisura, la mediocridad, el asco contagioso. Un regreso que le depara una sola evidencia: la necesidad de romper con todo, desarraigarse como único método de salvación, toda vez que las raíces están podridas. Goytisolo se empeñó en esa empresa de largo alcance, a la que agregó una Reivindicación del Conde Don Julián y un Juan sin Tierra que, a cambio de darle monumentalidad a su proyecto quizá le restó potencia e intensidad, pues lo llevó al peligro al que se expone todo aquel que consigue dar con una voz propia, reconocible, influyente: caer hacia lo pompier, hacer que la pomposidad vuelva parodia lo que fue genuino. De ahí que, embarcado en ese proyecto, para superarlo, llegase a firmar novelas que parecían escritas por sus más enervados discípulos. Esa necesidad, que en un principio no era sólo formal sino también de fondo, acabó quedándose sólo en lo formal en obras que, como Makbara, aunque llegaban a imponerse como lectura obligatoria en los institutos de bachillerato para evidenciar la presunta modernidad de nuestra narrativa, hoy parecen tener sólo un interés histórico, aunque quepa valorar el riesgo que corría el autor por eliminar cualquier tapia que separase a los géneros: de ahí que pueda leerse la novela como un despeinado conjunto de poemas, o más bien oírse como un no siempre bien afinado coro de voces que tratan de agarrar una realidad cambiante, fugaz, inasible, de la que apenas nos puede llegar un reflejo de prosa nerviosa y puntos suspensivos.

Dado que Juan Goytisolo firmó una amplia obra ensayística, dejó bien clara cuál era la tradición en que quiso inscribir su propia obra narrativa: una heterodoxia de voces que compartían ese desarraigo en el que él quiso buscar sus raíces, por paradójico que suene. De ahí que se buscara constantemente en unos cuantos autores como Blanco White, de quien fue impenitente defensor, el católico que abjuró del catolicismo, el español que detestaba la España imperial y luchó y celebró que España perdiera sus colonias de ultramar. No en vano el ensayo con el que, en 1972, recuperaba la enigmática figura de Blanco terminaba con una confesión que por otra parte no hubiera hecho falta: "Al hablar de Blanco White no he cesado de hablar de mí mismo". De sí mismo y de un país y una sociedad que le repugnaban y que le llevó a una disidencia que terminó por convertirse en un disfraz poco convincente, están llenas las mejores páginas de Señas de identidad, que todavía conservan su altanera frescura cuando se entregan a la sátira más descarada y violenta -como cuando se caricaturizan los mitos nacionales y el carácter español- pero que se desinflan cuando se quiere, unamunianamente, hacer de España un dolor, un martirio, el nombre de una enfermedad incurable, otorgándole acaso una importancia que, a qué engañarse, tampoco era para tanto.

La mala vida de Juan Goytisolo. Luis Alemany. El Mundo








Goytisolo: malas calles, hombres, grifa y soledades





Juan Goytisolo en un café de Marruecos con Ibrahim. ÁLBUM FAMILIAR

Buscó su identidad sexual en las calles de Barcelona. Coqueteó con un colombiano y con Raimundo.. Después se enamoró de Monique Lange.


No debió ser fácil querer a Juan Goytisolo, sentir algo más cálido que el respeto temeroso ante esa mezcla escalofriante de distancia altiva y frágil timidez que mostraba al trato. Pero tampoco es fácil dejar de sentir fascinación por una historia llena de contradicciones y de transgresiones que el propio Goytisolo contó en sus dos libros de memorias, saltando en la narración de la primera a la segunda persona.
Coto vedado, su primer libro autobiográfico, apareció en 1985. Es probable que sus primeros lectores apenas recuerden partes del libro, 32 años después, como el relato de las soledades de un muchacho básicamente homosexual en la España de los años 50. Algunas escenas están narradas con tanta crudeza y nitidez que, al leerlas hoy, dan ganas de entregárselas a un cineasta. A André Téchiné, por ejemplo.




Madrid, invierno de 1953. Goytisolo ha dejado Derecho, convencido de que su destino es escribir. Ha terminado Juegos de manos, su primera novela, y ha salido de Barcelona sin gran cosa que hacer, un poco por hacer tiempo y un poco para alejarse de la semiquiebra de la empresa de su padre, José María Goytisolo Taltavull. En Madrid no tiene ninguna obligación, de modo que sale de juerga. Su barrio es Argüelles y su compañía es una pareja de estudiantes colombianos, borrachuzos y descarados, con facilidad para el sablazo y afición a los prostíbulos. Una noche, Goytisolo sale con Lucho, el preferido de los dos colombianos. Beben tanto que el guión de la noche se vuelve confuso.
Al final de la madrugada, 'algo' inesperado y sin determinar pasa a la puerta de una taberna. Algo grave. Al día siguiente, el rumor de que alguien, aparentemente desconocido, ha abusado de la confianza y la integridad de Lucho llega hasta Goytisolo, aunque el escritor no recuerda nada.
Da igual: la noticia cae sobre él como una sentencia: esa intuición que el joven siempre había guardado en algún rincón de su cabeza ya es una certeza: Goytisolo pertenece a la "tribu de los malditos" de la que hablaba Marcel Proust.
Pero Lucho no tiene nada que reprochar a su amigo barcelonés: no se ha enterado de nada o quizá sea que no es tan inocente. Siguen saliendo juntos, sigue siendo especialmente cariñoso con él. Una noche, se encierran en el reservado de un bar con dos prostitutas. Cenan, beben y, después, empiezan a acariciar y besar a las dos mujeres. El escritor, que siempre tendía a comportarse con desinterés con las mujeres, encuentra combustible para el coraje sexual: Lucho le mira mientras actúa. Y él mira a Lucho.




Días después, al final de otra juerga colosal, Goytisolo mete a su amigo en la cama para que duerma la borrachera. Desde las sábanas, el colombiano le llama, "ven aquí, quédate conmigo", pero Goytisolo, que no ha bebido como su amigo, sospecha que le han tendido una trampa, una prueba que demostrará que es homosexual. Se aleja de Lucho aquella noche y, pocos días después, se va de Madrid y vuelve a Barcelona.
Aquel es el último Goytisolo inocente, el tipo aún formal aunque un poco raro al que sólo le faltan unos días para encanallarse. En casa, le espera un viejo amigo suyo, Carlos Cortés, que ha pasado por la cárcel. Con él, Goytisolo habrá de conocer los bajos fondos: los travestidos, los traficantes, los proxenetas, los chaperos... El descubrimiento le entusiasma. Empieza a frecuentar el Barrio Chino, a fumar grifa y, por primera vez, a encamarse con hombres que encuentra en 'malas calles'. Pero aún no está preparado mentalmente para romper ese tabú. Sus primeros encuentros homosexuales son gélidos, poco satisfactorios. Goytisolo vuelve a pensar que, quizá, él también sea normal.
No tuvo esa 'suerte'. Durante el verano, Goytisolo se aficiona a un bar de la Barceloneta abandonado ante el mar y frecuentado por gente del arrabal: El Varadero. Allí, entre otros personajes pintorescos, reina Raimundo, un gitano analfabeto y ex presidiario, sin domicilio claro ni familia, fuerte, bigotudo y extremadamente viril. La historia de su vida cambia cada vez que Goytisolo la escucha pero su estampa y su carisma le fascinan. El molde de todos los hombres que habrían de atraer a Goytisolo durante su vida estaba guardado en Raimundo. "Nunca me verás con un escritor ni con un hombre educado", le dijo al escritor a Jaime Gil de Biedma, algunos años después.




Raimundo tampoco se acostó nunca con Goytisolo. Una noche, al final del verano de 1953, después de beber durante horas y de despedirse, el escritor se presentó en su chabola pero su amigo lo acostó cariñosamente como a un hermano pequeño que llega a casa bebido. Como Goytisolo había hecho con Lucho en Madrid. Para otoño, Juan estaba camino de París. Aunque, a la vuelta, frecuentó el Varadero durante años, Raimundo desapareció del mapa.
París es otro de los grandes escenarios en la vida de Juan Goytisolo. Pero lo que nos interesa no es el viaje de 1953, propio de un joven pobre, confundido y más interesado por los libros y el comunismo que por la vida alegre, sino el de 1956, el año en el que el escritor barcelonés dejó España para no volver nunca más que como visitante. Uno de los desencadenantes de aquel exilio fue el interés que mostraba por él el comisario Juan Creix (el jefe de la Brigada Político Social en Barcelona), un personaje ambiguo y novelesco que un día empezó a preguntar por los gustos sexuales de Goytisolo.
Saltamos ahora a otro libro, Los Goytisolo (Anagrama, 1999), la biografía de la familia que escribió el mallorquín Miguel Dalmau. Allí, el nombre de Monique Lange aparece por primera vez en la página 305 como si fuera Jean Seberg cantando New York Herald Tribune! en una película de Godard. Encantadora, sonriente, con el pelo corto, culta, desprejuiciada... Todo lo contrario que las mujeres con las que Juan había conocido e ignorado en España hasta entonces. Dalmau, de hecho, cuenta que, hasta entonces, Goytisolo sólo había tratado con mujeres en los prostíbulos.
Lange era otra cosa. Trabaja en Gallimard, la editorial más prestigiosa de Francia. Su jefe, Dyonis Mascolo, había recibido noticia de la existencia de los libros de Goytisolo y lo había citado para una entrevista y a Monique le tocó recoger a Juan. El flechazo. La felicidad. El sexo. El primer viaje a Barcelona... Y la maldición que, una noche de juerga, deja caer la bruja mala sobre los enamorados.
La bruja mala de esta historia es el escritor Jean Genet y la anécdota ha sido contada mil veces. Genet le dijo a Goytisolo ante su futura mujer: "¿Es usted maricón?". "He tenido algunas experiencias". "¿Experiencias? Así habla un pederasta inglés".
Lange nunca debió de ignorar que a Goytisolo también le gustaban los hombres. Esta semana, Javier Rodríguez Marcos hablaba de la carta en la que el español le explicaba, un poco enrevesadamente, cuál era su conflicto. Lange le contestó con un "te quiero, tengo ganas de verte" y la pareja echó a andar. Pero no todo fue sencillo: Casetas de playa, la novela más conocida de Lange, presentaba a una mujer, más o menos abandonada en una playa de Normandía, que piensa en su marido, un escritor español exiliado que busca los barrios rojos de París, igual que los toros persiguen el capote de los toreros. El relato es triste, pero el problema no es la transgresión; el problema es el carácter insondable del escritor español, los complejos y tormentos que se intuyen pero que nunca pueden llegar a ser planteados.
Insondable es una buena palabra para explicar a Juan Goytisolo gay, cuya historia empezó como si imitara Los Buddenbrock de Thomas Mann, siguió como si fuera una novela de Boris Vian y acabó como en un texto de algún escritor tangerino de los legendarios años 50 y 60. Cuando Monique Lange se murió, en 1996, Goytisolo se instaló en Marrakech. Allí, durante muchos años, se hizo acompañar de Ibrahim, un hombre indescifrable que siempre paseaba en silencio, dos pasos por detrás del escritor, en las salidas por la ciudad. Ibrahim es un hombre grande, viril y bigotudo, algo así como el descendiente de Raimundo, el de la Barceloneta, aparecido al otro lado del Mediterráneo 50 años después.
























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@antoniamun #17 el suyo es posiblemente el comentario mas sabio que he leído en este medio (y he leído muchos).
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@unpaisquenofunciona #19 - Wilde se dió cuenta tarde que su forma de ver la vida cuando era millonario y famoso era irreal y un engaño, de todas formas fué un brillante intelectual y un genio literario, creo que a años luz de Goytisolo.
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Este emporcamiento no hubiera pasado la criba con el Sr Cuartango.
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Si lo que le pasó con aquel "jovencito" le hubiera pasado con una "jovencita", hace al menos tres décadas que su mero nombre estaría vetado en todos y cada uno de los medios de comunicación.
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Se fué a Marruecos a meditar ayudado por plantas alucinógenas y a que le dieran, con la excusa de ser exiliado político?.No sé,pregunto.
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All the freaks come out at night (ZZ Top)....
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Artículo valiente que nos descubre otra cara del personaje. Me ha parecido muy interesante.
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@prestitango #5 Mi vida es aburrida y monótona. Soy autónomo, que tengo que pagar salarios y seguridad social de mis trabajadores cada mes, exporto productos a Europa y aquí en el sur soy un maldito patrón. Lo que no soporto es la vomitiva doble moral de la izquierda. En cualquier país si manties relaciones con una persona borracha es violación, pero si una persona de izquierdas te da es que has entrado en "EL CLUB DE LOS MALDITOS". Si vas al puticlub eres PUTERO, pero si va una persona de izquierdas es vivir los bajos fondos intensamente.
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Me temo que para vender libros hace falta algo mas que excentricidades, al menos en estos tiempos.
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@prestitango #6 No se entiende la comparación. Cuando menos wilde sacó algunos punzantes epigramas y una novela estimable, y si apuramos un poco hasta un renombrado poema, y todo ello aun arrastrando una impronta afectada que aún hoy mas que ofender estorba y resta crédito..

El suicidio de su ahijada Carole le afecto tanto a Juan Goytisolo que se dejó morir

JUAN GOYTISOLO

Juan Goytisolo enterrado en una tumba junto a Genet enfrente del Atlántico

05 de Junio de 2017

Larache (Marruecos), 6 jun (EFE).- El escritor español Juan Goytisolo, fallecido ayer en Marrakech a los 86 años, fue enterrado hoy en el llamado "cementerio español" de Larache, un camposanto ya en desuso donde su compañía eterna será principalmente la de los humildes soldados españoles muertos en las guerras con Marruecos.
Su tumba fue cubierta con una sencilla lápida con el lema: "Juan Goytisolo. Escritor. Barcelona 1931-Marrakech 2017", que hubo que encargar a toda prisa hoy en la ciudad de Tánger.
A su lado se encuentra la tumba de Jean Genet, otro escritor iconoclasta como él, y como él homosexual, amigo del mundo árabe y que eligió ser enterrado en Larache.
El entierro de Goytisolo fue una sencilla ceremonia sin plegarias ni banderas para el escritor sin patria ni religión, donde se leyeron varios fragmentos de sus obras, principalmente aquellas en la que el escritor reivindica su carácter de exiliado, de "Juan sin tierra", mientras que otros subrayaron su papel de puente entre civilizaciones.
Con el rugido del Atlántico de fondo y el canto de un almuédano cercano, tomaron la palabra algunas de las personas más cercanas al escritor, como el diplomático y escritor José María Ridao, nombrado albacea del difunto, su traductora al francés Aline Schulman o la arabista Lola López Enamorado.
Aunque la familia del escritor había insistido desde Barcelona en que quería una ceremonia íntima, las autoridades de Larache se personaron en el acto, al igual que representantes diplomáticos españoles, amigos artistas del escritor llegados desde Marrakech y varias decenas de ciudadanos anónimos.
Goytisolo había dejado claro hace muchos años que no quería regresar a España, "madrastra inmunda, país de siervos y señores", pero el escritor ateo y descreído tampoco quería ser enterrado en suelo católico, como recordó hoy José María Ridao.
En Marrakech, su patria adoptiva, donde residía hace más de treinta años, no fue posible encontrarle una tumba, por carecer la ciudad de "un cementerio común" abierto a todas las religiones, como dijo a Efe el alcalde de la ciudad, Mohamed Belcaíd.
En un país donde los cementerios son por esencia musulmanes, judíos o cristianos, casi no quedaba lugar para un ateo como Goytisolo, pero alguien se acordó del Cementerio Español de Larache, un camposanto lleno de tumbas de los años veinte del siglo pasado y desde entonces en desuso.
Aquel cementerio maltratado por el salitre y la maleza, que apenas se limpia una vez al año por Todos los Santos, fue excepcionalmente reabierto en 1986 para recoger los restos de Jean Genet, que había vivido sus últimos años en Larache, y ello pese a que Genet encontró la muerte en París.
Goytisolo no puede tener mejor compañía que la de Genet, un escritor al que admiraba por ser un rompedor que vivía al margen de la sociedad.
El hombre que reivindicó a los traidores como Don Julián, a los heterodoxos y a los rompedores de la tradición, que reclamó el derecho y el deber del intelectual para tomar partido, vino a encontrar refugio en un país donde se comportó como un perfecto huésped, sin interferir jamás en debates internos ni tomar postura.
Bien integrado en la medina de Marrakech, donde residía, solía salir a tomar té en humildes cafetines de la medina o de la Plaza Yamaa el Fna, y cuentan que daba abundantes limosnas en su barrio, como recuerda Brahim Jatib, el profesor marroquí que más lo ha traducido.
Fue particularmente apreciada, en Marruecos como en España, su defensa de los musulmanes de Sarajevo o de los árabes en Palestina, así como sus reportajes sobre la guerra de Argelia, pero en Marruecos guardó silencio incluso en los llamados "años de plomo", cuando Hasán II reprimió sin piedad a la oposición.
Al mismo tiempo, se jactaba de ser "el único español desde el arcipreste de Hita" que hablaba el árabe de la calle, particularmente el dialecto de Marrakech, una ciudad que siempre le deberá la proclamación de su plaza de Yamaa al Fna como "patrimonio inmaterial de la humanidad".
Enterrado en suelo marroquí, a la vera del Atlántico, el más heretodoxo de los clásicos españoles cumplió así su deseo de romper con su patria, a la que dedicó estas palabras de las que jamás se desdijo: "Tierra ingrata, entre todas espuria y mezquina, jamás volveré a ti".
El Gobierno francés rinde tributo al "inmenso escritor" Juan Goytisolo
París, 5 jun (EFE).- La ministra de Cultura de Francia, Françoise Nyssen, rindió hoy homenaje al "inmenso escritor" Juan Goytisolo, a quien consideró "un español de nacimiento, pero ciudadano del mundo" que hizo de puente cultural entre Europa, el continente americano y el mundo árabe.
"Un inmenso escritor nos ha dejado. Juan Goytisolo, español de nacimiento convertido en ciudadano del mundo, viajante incansable, era un trasmisor de la cultura entre Europa, las américas y el mundo árabe", dijo en un comunicado Nyssen, quien recordó las décadas de exilio parisino del escritor, fallecido el domingo en Marruecos.
"Vino a buscar refugio a París durante los años negros del franquismo, se nutrió de amistades sólidas, sobre todo Jean Genet, y desarrolló un estilo totalmente único, imprevisible, muchas veces inspirado en el movimiento francés del 'nouveau roman'", evocó la ministra del Gobierno de Emmanuel Macron.
Según Nyssen, Goytisolo, que vivió entre los años 50 y los 90 en la calle Poissonnerie de París, era "un hombre de acción, de reflexión y de pasión", de aquellos que representaban "la figura del intelectual comprometido".
El autor de "Campos de Níjar" y "Paisaje después de la batalla", Premio Cervantes 2014, falleció en la madrugada del domingo a los 86 años en su casa de Marrakech, donde vivía desde 1996.
La París cosmopolita y canalla, la preferida de Juan Goytisolo
París, 5 jun (EFE).- La París cosmopolita, la de las diferentes religiones y lenguas procedentes de los cinco continentes, y la París canalla, la de los obreros y las prostitutas, eran las predilectas del fallecido escritor español Juan Goytisolo, que vivió en la capital francesa entre los años 50 y los 90.
A partir de su apartamento en el número 33 de la céntrica calle Poissonnerie, donde se mudó para huir del franquismo, Goytisolo forjó su particular París, ese París de los bajos fondos que le inspiró para obras como "Señas de identidad" (1966) o "Paisajes después de la batalla" (1982).
"Lo que le gustaba es la parte cosmopolita de París, la de la mezcolanza de culturas, de religiones, de prácticas culturales, de lenguas, de diferentes rostros", dijo a Efe Emmanuel Le Vagueresse, especialista en la obra de Goytisolo y amigo suyo.
El escritor frecuentó durante décadas un puñado de restaurantes y cafés castizos situados en el centro y norte de la ciudad, en las antípodas de los locales finos de ostras y champán de la ostentosa parte oeste de París.
Uno de sus predilectos era el café des Ouiseaux, en la plaza d'Anvers, junto al bohemio Montmartre, al que acudía con sus amigos Jean Genet o Severo Sarduy y cuya heterogénea clientela la formaban prostitutas, obreros e inmigrantes portugueses, entre otros.
Cerca de Des Ouiseaux el premio Cervantes de 2014 tenía sus incursiones sexuales, especialmente con hombres árabes, relató Le Vagueresse, autor de la ruta literaria parisina del célebre escritor publicada por el Instituto Cervantes.
Fue su gran amigo Jean Genet, autor de "Diario del ladrón", quien le introdujo en los ambientes homosexuales de la zona de Barbès-Rochechouart.
"Coqueteaba en el bulevar Rochechouart, en la estación del Norte, con jóvenes inmigrantes, obreros que tenían hijos, pero que eran bisexuales. Esa experiencia le permitió asumirse un poco mejor", refirió Le Vagueresse.
En la misma zona, acudía con frecuencia al Luxor, un cine art-deco neo-egipcio de los años 20, donde iba tanto a ver películas populares (kárate, filmes indios), como a ligar en busca de sensaciones fuertes con jóvenes árabes del barrio o de los suburbios.
Y todo ello con el consentimiento de su mujer, la escritora francesa Monique Lange, con quien Goytisolo vivió en la calle Poissonnerie entre 1956 y 1996, año en el que Langue falleció a los 70 años, momento en el que el escritor decidió mudarse a Marrakech (Marruecos), donde falleció este domingo a los 86 años.
Era también un asiduo a algunos restaurantes, entre ellos el de especialidades turcas Derya, que comenzó a frecuentar en sus regulares visitas a París, una vez establecido en Marrakech.
"La última vez que le vi fue hace unos ocho meses, o tal vez menos. Era de un carácter excepcional, nada normal para alguien tan importante. Me enteré que era un escritor importante por otros, no por él", explicó a Efe Ulas Eyyup, uno de los gerentes del Derya, ubicado junto al Arco de Saint Denis.
Según relató Eyyup, Goytisolo sabía expresarse en turco -también lo hacía en árabe- y venía siempre acompañado de un hombre de gran bigote, quien, según Le Vagueresse, se trataba de su compañero Abdelhadi.
En sus últimas visitas, el escritor español lamentaba que la París canalla que tanto le inspiró se estaba destiñiendo, cada vez menos proletaria e inmigrante y más "bobó", acrónimo para referirse a una clase social joven, burguesa y de hábitos bohemios.
De su faceta personal era muy celoso, reconoció Le Vagueresse, quien juzgó que la imagen de "duro y distante" de Goytisolo era un espejismo para su familia, con la que era "muy cariñoso".
El escritor era adorado por sus dos hijos adoptivos, dos chicos marroquíes, y por la hija de su mujer Lange, su hijastra Carole, cuyo suicidio hace un par de años le afectó tanto que fue entonces cuando "se dejó morir", desveló Le Vagueresse.
A partir de hoy, cuando se consume su entierro en el "cementerio español" de Larache (norte de Marruecos), Goytisolo yacerá junto una de las personas más importantes de su exilio en París, Genet, quien, a pesar de morir en la capital francesa, pidió ser inhumado en Marruecos.

Antonio Torres del Cerro

Goytisolo quería recurrir a la eutanasia en 2014.

Juan Goytisolo, en noviembre de 2014 en su casa de Marrakech con su ahijado Jalid.
Juan Goytisolo, en noviembre de 2014 en su casa de Marrakech con su ahijado Jalid.
Hace tres años Juan Goytisolo apenas contaba con medios para subsistir. Le era imposible costear los estudios de sus tres ahijados, algo que se había convertido en su razón de vida. Le fallaban las fuerzas para emprender una obra de envergadura y en abril de 2014 escribió el siguiente documento: “Mi decisión de recurrir a la eutanasia a fin de no prolongar inútilmente mis días obedece a razones éticas de índole personal. Desaparecida la libido y con ella la escritura, compruebo que ya he dicho lo que tenía que decir. Tampoco mi cuerpo da para más. Cada día constato su deterioro y antes que ese declive afecte a mi capacidad cognitiva prefiero anticiparme a mi ruina y despedirme de la vida con dignidad”. Y seguía: “La otra razón de la eutanasia es la de asegurar el porvenir de los tres muchachos cuya educación asumo. Me parece indecente malgastar los recursos limitados de que dispongo, y que disminuyen a diario, en tratamientos médicos costosos en vez de destinar este dinero a completar sus estudios. Por todo ello, escojo libremente la opción más justa conforme a mi conciencia y respeto a la vida de los demás”.
Goytisolo escribía siempre a mano y a mano firmó el documento. Se lo pasó al ordenador la persona que solía transcribirle muchos textos, Rafael Fernández, un profesor del Instituto Cervantes de Marrakech que murió de cáncer ese mismo año. Goytisolo estaba obsesionado con la educación de sus tres ahijados: Rida, que ahora tiene 23 años, Yunes, también 23, y Jalid, 18. Rida es hijo de su gran amigo Abdelhadi y los otros dos son hijos de Abdelhaq, hermano de Abdelhadi. Todos ellos, más la esposa de Abdelhaq, vivían con Goytisolo en un antiguo hostal, que el escritor compró en 1997. Formaban lo que él llamó su “tribu” y su tribu lo cuidó hasta el final.
En 2004 comenzó a tener dificultades económicas. El entonces director del Instituto Cervantes, César Antonio Molina, le facilitó giras de conferencias en la institución e intercedió para que le encargasen cursos de verano. A partir de 2007 EL PAÍS pasó de abonarle los 250 euros que cobraba por artículo a asignarle una mensualidad de 3.000 euros. El sueldo lo percibió en Marruecos hasta el último momento, aunque no escribiera. “Una vez descontados los impuestos, le llegaban 2.200 euros, lo indispensable para vivir”, señala alguien próximo. Las fuentes que aparecen en este artículo sin nombre y apellido solicitaron expresamente mantenerse en el anonimato.
En 2014 Goytisolo asumía que su cuerpo no daba para más. Tenía 83 años, pero lo peor quedaba por venir. Siete meses después de escribir el documento de la eutanasia, en noviembre de 2014, se anunció la concesión del premio Cervantes, el más importante en lengua española, dotado con 125.000 euros. El problema es que Goytisolo se había opuesto en varias ocasiones a ese galardón. En enero de 2001, tras anunciarse el premio para Francisco Umbral, Goytisolo publicó un artículo en este diario titulado Vamos a menos donde criticaba “la putrefacción de la vida literaria española” y “el triunfo del amiguismo pringoso y tribal”.
Goytisolo terminó aceptando el premio y ese hecho le hundió más en su depresión. Porque continuaba sin fuerzas para escribir y era consciente de que se había contradicho al aceptarlo. Sus íntimos insisten en que ni le deslumbraron los focos ni le atrajeron los honores. Pero ahora que contaba con dinero para los muchachos ya no le encontraba sentido a seguir viviendo. La víspera del 23 de abril, fecha de la entrega solemne del premio en Alcalá de Henares, llamó en Madrid a un amigo para que lo ayudara a comprarse un traje. Solo disponía de una corbata y decía que no conjuntaba con la camisa. Cuando el amigo llegó al hotel le dijo que no tenía fuerza ni ánimo para salir a la calle. Su familia deseaba hacerse una foto con los reyes de España. Pero él estaba tan perdido que no solo se olvidó de la foto , sino que al concluir el acto reparó en que ni siquiera había saludado a los reyes en su discurso.

Fractura de fémur

“Nunca cometió la vileza de decir que aceptó el premio por dinero”, recuerda un allegado. En 2016, una persona que sabía de su depresión lo invitó a París a pasar unos días. Goytisolo le entregó el documento de la eutanasia. Tras leerlo, le dijo: “Como amigo te pido que no lo hagas. Porque estos muchachos, aparte del dinero, tienen derecho a tenerte ahí. No se trata solo de que les pagues la carrera. Dicho esto, si quieres seguir adelante, entonces vámonos a un notario y lo dejamos todo resuelto para tu sucesión”.
Pero Goytisolo no fue al notario. Esa misma noche de principios de marzo lo llamó Carole, hija de su esposa, Monique Lange, escritora fallecida en 1996. Carole tenía 56 años, se había separado de su marido y pidió una suma al escritor. Juan Goytisolo, que otras veces la había ayudado, en ese momento le dijo que no disponía de fondos. No obstante, quedaron para cenar al día siguiente.
"Desaparecida la libido y con ella la escritura, compruebo que ya he dicho lo que tenía que decir. Tampoco mi cuerpo da para más"
Pero ese día, al mediodía, Goytisolo recibió la noticia de que Carole se había suicidado. “Esa noche estuve con él”, relata este amigo, “y fue horroroso. Estaba ausente, con cien años más encima. Apenas podía caminar. Decidió volver a Marrakech al día siguiente, sin esperar el entierro de Carole. La familia de Carole estaba muy ofendida por el hecho de que no se quedara al entierro. Pero Juan estaba hundido”. El autor de Juan sin Tierra volvió a Marrakech. Tres semanas después, coincidiendo con la Semana Santa de 2016, se cayó al bajar las escaleras del café de la plaza Yemáa el Fna donde solía acudir cada tarde. Se fracturó el cuello del fémur. Ingresó en la Polyclinique du Sud, aunque su seguro solo tenía validez en el Hospital de Barcelona.
Como su empeño era gastar el mínimo dinero posible en sí mismo con tal de dárselo a sus ahijados, Goytisolo se empeñó en salir de la clínica al cabo de dos días. Los médicos se negaban, porque padecía insuficiencia respiratoria y flebitis. Y además, sufría unos dolores espantosos a causa de la rotura del fémur. Sin embargo, se marchó del centro. Y esa misma noche, en su hogar, quedó al borde de la muerte. El embajador de España en Rabat, Ricardo Díez-Hochleitner, y la cónsul honoraria de Marrakech, Khadija Elgabsi, lograron que la clínica lo readmitiera, aun sin pagar la garantía. Quienes lo vieron salir aquella noche de casa en camilla por los callejones de la medina aseguran que iba más muerto que vivo.
Carta del autor de 'Señas de identidad', firmada en abril de 2014, que empieza así:
Carta del autor de 'Señas de identidad', firmada en abril de 2014, que empieza así: "Mi decisión de recurrir a la eutanasia a fin de no prolongar inútilmente mis días obedece a razones éticas de índole personal”.
Goytisolo solo aguantó tres días en el centro médico. Sin embargo, lograron convencerle para que tratarse sus enfermedades con el seguro en España. Llegó a Barcelona en abril de 2016 y permaneció un mes internado. Varios amigos, miembros de su familia española, como su sobrina Julia —musa del poema Palabras para Julia, de José Agustín Goytisolo— y empleados de la agencia literaria Carmen Barcells se turnaron para cuidarlo en el Hospital de Barcelona y en un centro de rehabilitación. Con todo, él quiso regresar a Marrakech.
Estuvo varios meses con la movilidad bastante reducida. Y el 18 de marzo de 2017 sufrió un ictus cerebral. Entró por urgencias en la Clínica Internacional de Marrakech. “Los médicos me dijeron que lo más probable era que muriese a lo largo de la madrugada”, relata la cónsul honoraria de Marrakech, Khadija Elgabsi. “Sin embargo, por la mañana recobró la conciencia y me pidió hablar con su amigo José María Ridao”. Contactado por teléfono en París, el escritor y diplomático comenta que Goytisolo estaba un poco desorientado esa mañana. “Me contó lo mal que lo había pasado. Hablaba con una leve dificultad, pero su voz era firme”.
Una vez más, Goytisolo decidió marcharse. Dejó el hospital a los tres días, contra el criterio de todos los médicos. Dos días después de llegar a casa perdió el habla y a los cuatro, la capacidad de moverse. En la madrugada del pasado domingo falleció. Su compañero Abdelhadi nos explicaba horas después en su casa: “Últimamente tenía dificultades para respirar. Pero murió tranquilo, en su cama”.
Este es el drama que cargaba sobre sus espaldas el hombre ataviado con corbata verde a rayas que el 23 de abril de 2015, durante la lectura de su discurso, preguntó: “¿Cuántos lectores del Quijote conocen las estrecheces y miseria que padeció [Cervantes], su denegada solicitud de emigrar a América, sus negocios fracasados, estancia en la cárcel sevillana por deudas, difícil acomodo en el barrio malfamado del Rastro de Valladolid con su esposa, hija, hermana y sobrina en 1605, año de la Primera Parte de su novela, en los márgenes más promiscuos y bajos de la sociedad?”.
Goytisolo logró reparar, al menos, la injusticia social que padecieron todos los miembros y ancestros de su tribu, condenados a la pobreza y el analfabetismo. Hoy, Jalid ha concluido un ciclo de formación profesional, Rida estudia cine en Marrakech y Yunes ha terminado este mes en Francia una carrera de ingeniería.

sábado, 10 de junio de 2017

«Campos de Níjar» una novela de Juan Goytisolo








Título: «Campos de Níjar» una novela de Juan Goytisolo

Ramón Fernández Palmeral

Autor: “Tras los pasos de Juan Goytisolo por los campos de Níjar” 



Me agradó leer  «Campos de Níjar», (1959),  por su crítica social y su denuncia valiente de la extrema pobreza de Almería de aquello años de posguerra. No sé cómo Goytisolo pudo salvar la rígida censura franquista de aquella época. Me gustaba leerlo en 1983 porque me hablaba del lugar donde yo vivía en la pedanía de San José (Níjar). Aún no estaba construido el actual puerto deportivo. La mayoría de la gente seguía dedicándose a la pesca y a la construcción de chalets, antes de que  declararan la zona como Parque Natural del Cabo de Gata- Níjar. Hoy en día la biodiversidad del Parque corre peligro por la masificación turística.

Todavía, al releer la novela de Juan Goytisolo porque me evoca maravillosos días donde había vivido uno años felices, pescando a la luna llena besugos con el volantín. Con las relecturas fui descubriendo errores de situación de pueblos, parajes y distancias kilométricas imposibles de recorrer andando en una jornada, y palabras inusuales en el vocabulario del Cabo.  Para mí, personalmente, a pesar de que tiene un rico léxico y muy buenas descripciones del paisaje y es una crónica-denuncia arriesgada en pleno franquismo, tiene muchos méritos, no es un libro redondo, le falta profundidad en los personajes descritos, habla un andaluz macarrónico, y el final está escrito muy a la ligera.  Quizás el excesivo aprecio sobre este libro, se deba al  hecho de que la literatura almeriense haya sido huérfana de autores indígena, nula o casi nula en la recreación de lo propio y autóctono, y ha propiciado  que los almerienses se hayan agarrado como un pulpo a una roca a una firma conocido actual como es la indudable, famosa y reconocida de Juan Goytisolo, con quien la literatura de Almería tiene una deuda contraída.   Apenas existen novelas cuya trama se desarrolle  en Almería o su entorno. No hay editoriales públicas, sino el Instituto de Estudios Almerienses y la Universidad que publican a su capricho.   El poeta gallego José Ángel Valente al residir aquí también levantó el nombre literario de Almería y se organizó un premio literario con su nombre.

También es verdad que la falta de una Universitaria en Almería, que siempre dependió de la de Granada, no propiciaba la vida literaria de la ciudad.   El Colegio Universitario se creó en 1972, en la Cañada de San Urbano y no es hasta 1987 cuando formalmente se crea la Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica Agrícola por Decreto 209/1987 de 26 de agosto del Gobierno de la Comunidad Autónoma de Andalucía, con titulaciones: Diplomado en Informática e Ingeniero Técnico Agrícola. Que no debe ser entendido como eje promotor de energía literaria, sino de ciencia práctica.  Y es que el almeriense, por regla general, aborrece los libros. Yo no he encontrado en Almería y ni en su provincia una página web (existen muy pocas) donde poder publicar este ensayo literario, ellos van por los intereses reales del vil metal, por caminos de la necesidad del cuerpo y no del espíritu literario. Desde aquí mi reconocimiento a la web Almería Medio Ambiente y a su director José Javier Matamala García.

Como buen conocedor de la comarca de Níjar, y tras una atenta lectura de la obra de Goytisolo me he propuse seguir los mismos pasos que diera él por un paraje de hermosa fragilidad, extenso, desértico y tan sumamente primario y peculiar como es el Cabo de Gata-Níjar.  Reconstruí el viaje de cuyo estudio de campo comparativo, análisis e investigaciones escribí «Tras los pasos de Juan Goytisolo por los Campos de Níjar», y saqué mis propias conclusiones y, además me permití añadir datos paralelos a la obra, con datos actuales de Almería como una forma de ampliar conocimientos y obtener una visión paralela de una realidad: el progreso económico actual de Almería. La contraportada del ejemplar que yo poseo indica: «Campos de Níjar» es el relato de uno de los viajes del autor a las más desheredadas tierras del sur de España. Por ello, uno lo entiende como un libro de viajes cuando no lo es. También he analizado ese rico léxico del libro que, muchas veces, nos detiene en su lectura y nos obliga a mirar en el diccionario,  para lo que he recopilado un vocabulario de aquellas palabras que a mí, particularmente, me parecen arcaísmos y además me eran desconocidas cuando los leí por primera vez. 

La reseña de «Campos de Níjar» en la Enciclopedia de la novela española, Rafael del Moral, prólogo de Andrés Amorós, Planeta, Barcelona, 1999, dice: «A medida que pasa por los lugares, el viajero expone lo que va encontrando: niños que trabajan desde edad temprana, emigración, humillación sistemática ante el narrador (que es considerado como superior), apatía, y escasez de actividades laborales. La gente que describe está acuciada por la necesidad y sobrevive en medio de diarias contrariedades, salvo el rico don Ambrosio, que, orgulloso de sus orígenes castellanos [de Valladolid] es la excepción».  El viajero-narrador es propenso a insistir en describir un paisaje desértico, pobre y árido, pero de reconocida y singular belleza, en consonancia con sus personajes, hijos del paisaje, inscritos en la voracidad de la escena, con un lenguaje llano, sin pretensiones literarias ni virtuosismos destacables, salvo el vocabulario de nombres, de plantas autóctonas y léxico agrario más castellano que andaluz.
  
Con el tiempo fueron creciendo mis dudas, fui acumulando muchas preguntas sobre el viaje real a Almería de Goytisolo en el cincuenta y siete, sin querer me nacían sospechas y me entraban ganas de comprobarlo pero no hallaba el momento, hora, y gracias a esta maravillosa enciclopedia global que es Internet, he tenido acceso a una publicación en «El País», jueves, 19 de febrero 1990, nº 657, titulado « ¡Quién te ha visto y quién te ve!» (es una proposición no una pregunta). Se escribe sin acentos «Quien te ha visto y quien te ve y sombra de los que eras», es también el título del auto sacramental de Miguel Hernández publicado en «Cruz y Raya» 1934 la revista de José Bergamín),  en el que escribe Juan Goytisolo:
      «En el verano de 1957 atravesé por primera vez la comarca almeriense de El Ejido. El alquitrán de la recta que la mediaba era como el filo de un evanescente cuchillo: una línea estrecha, emborronada por la calina, sojuzgada por un sol implacable; paisaje huérfano, pedregoso, de tierras áridas y arbustos mezquinos. Unos pocos edificios de una planta bordeaban la carretera: puestos de venta de alfarería y cerámica, dos o tres ventas, casuchas enjalbegadas, algún almacén primitivo. Recuerdo que al detenernos Monique Lange y yo, con nuestro diminuto Renault, los parroquianos de un ventorro acudieron a saludarnos: un coche con matrícula extranjera y conducido por una mujer no era pan de todos los días.»

Estas respuestas confirmaban mis dudas y sospechas de que el viajero y narrador de «Campos de Níjar», no había pasado tres días en la comarca como vagabundo viajero, caneando, caminando o haciendo auto stop, como escribe en la novela, porque allí los kilómetros parecen más largos de lo normal, sino que había pasado, eso sí de puntillas y en coche, y sospecho además que  luego gracias a un plano como escribe en la página 112 se orienta sobre el terreno, luego inventó unos diálogos posibles o casos leídos en prensa de gente de la comarca, con cuya documentación organizó una novela corta de crítica social y no un libro de viajes, que es lo que hemos de tener claro, no hay reportaje ni crónica. Y es que el viajero narrador se contradice en el tiempo real de la novela, por ejemplo en la página 121 nos dice: «Revivía los incidentes de mis tres días [72 horas] de viaje y la idea de lo que no había visto todavía», luego en la página 129 nos dice: «Treinta y seis horas del después, lavado y afeitado como Dios manda, retiré el equipaje de la consigna y cogí el coche de Murcia.»  Con estas confusas anotaciones no sabemos el tiempo exacto, por un lado dice que está tres días y por otro que un días y medio 36 horas. Hemos de decantarnos por los tres días, porque sale por la mañana de un indeterminado día de Almería hacia Rodalquilar y Níjar, donde aquí hace noche, luego se va a Cabo de Gata y también hace noche, marcha hacia San José, La Isleta, Las Negras, Carboneras y regresa a Almería, donde se supone que también hace noche, y al día siguiente se macha hacia Murcia en el autobús de línea, por donde había venido. O sea, que duerme tres noches, y en realidad sale de Almería al cuarto día, ya que dice «después de lavado y afeitado», y esto sólo se puede hacer en una pensión, salvo que se diga lo contrario.

«Campos de Níjar» es una de las que más fama y dinero le ha dado a su autor, se realizó un documental de este viaje para la televisión, con el mismo nombre en 1984 por director sevillano Nonio Parejo & Asociados.  En la novela neorrealista social, suele privilegiar la cuestión del tema político, la problemática social, la guerra civil y sus secuelas; y olvida, en general, otros aspectos fundamentales de la novela como la intriga o el argumento. Eran tiempos en los que los escritores de la generación del cincuenta no podían hablar desde el punto de vista de los derrotados como víctimas, sino como rojos malos, o sea,  los malos de la película en una guerra incivil eran los llamados rojos, luego bandoleros o huidos a la sierra, para pasar a ser considerados como guerrilleros antifranquistas.  Por ello, estos autores son pioneros en una estética de renovación estética hacia el cambio social.  No es hasta «Luna de Lobos» (1985) de Julio Llamazares cuando se empieza a hablar de los maquis como víctimas, como perseguidos en la sierra por la Guardia Civil de la leyenda negra y el tricornio acharolado del que ya había escrito un romance Federico García Lorca en 1928 cuando entran en la ciudad de los gitanos como un feroz ejército de Herodes para buscar y prender a Antoñito el Camborio. Fueron tiempos muy duros del teniente general directos de la Guardia Civil, Camilo Alonso Vega tan temido por sus subordinados como por los maquis. Lucha de guerrillas que finalizó con el abatimiento del último maquis Antonio Sánchez Martín, apodado El Lomas, en Frigiliana en día de San Sebastián de 1952.