martes, 27 de junio de 2017

Conferencia: "La filatelia en Miguel Hernández". 26 de junio en El Corte Inglés.

Organizado por la Sociedad filatélica de Alicante. José Miguel Esteban de la Ossada.

Video de Frigiliana, 23 de junio 2017. La ruta de los pueblos

Libro de los 50 años de la Feria de Frigiliana.

Libro editado por el Ayuntamiento de Frigiliana

El Ayuntamiento de Frigiliana ha tenido el acierto de publicar un libro para conmemorar los 50 años de la Feria de San Antonio de Padua. Fotos de Guerrero. Fotos Herrero. Fotos Frigiliana, y Herederos de José Padial.
Tiene prólogos de Alejando Herrero Platero, alcalde de Frigiliana; Sofía González Herrero, concejala de fiestas; y textos de Pablo Rojo Platero, abogado e histoirador de Figiliana.

Antes de 1967, la feria se llamaba "La Función" se celebraba en honor de San Senatián, pero era en enero, y como hacía frío, se acordó en sesión plenaria del 5 de noviembre de 1966, por el entonces alcalde Antonio Sánchéz Sánchez, de 26 años, que se trasladara la feria a los días 11,12,y 13 de junio, influyendo como un claroividente guiño al pasado historico de la batalla del Peñón de El Fuerte, de junio de 1569.

Es un libro maravilloso. Un recuerdo inolviable.

Cincuenta (50) aniversario de la Feria de San Antonio de Padua, 1967-2017. Pablo Rojo Platero

Libro editado por el Ayuntamiento de Frigiliana

El Ayuntamiento de Frigiliana ha tenido el acierto de publicar un libro para conmemorar los 50 años de la Feria de San Antonio de Padua. Fotos de Guerrero. Fotos Herrero. Fotos Frigiliana, y Herederos de José Padial.
Tiene prólogos de Alejando Herrero Platero, alcalde de Frigiliana; Sofía González Herrero, concejala de fiestas; y textos de Pablo Rojo Platero, abogado e histoirador de Figiliana.

Antes de 1967, la feria se llamaba "La Función" se celebraba en honor de San Senatián, pero era en enero, y como hacía frío, se acordó en sesión plenaria del 5 de noviembre de 1966, por el entonces alcalde Antonio Sánchéz Sánchez, de 26 años, que se trasladara la feria a los días 11,12,y 13 de junio, influyendo como un claroividente guiño al pasado historico de la batalla del Peñón de El Fuerte, de junio de 1569.

Es un libro maravilloso. Un recuerdo inolviable.

martes, 20 de junio de 2017

Libro de los privilegios de Nerja y Torrox

El Archivo Histórico Provincial de Málaga restaurará el Libro de los privilegios de Nerja y Torrox de 1705


MÁLAGA|
El Archivo Histórico Provincial de Málaga restaurará el Libro de los privilegios de Nerja y Torrox de 1705
El Archivo Histórico Provincial de Málaga restaurará el Libro de los privilegios de Nerja y Torrox de 1705 MÁLAGA | EUROPA PRESS
El Archivo Histórico Provincial de Málaga se encargará de la restauración del Libro de Privilegios de los municipios malagueños de Nerja y Torrox. Dicho volumen documental, datado en 1705, contiene la real provisión mediante la cual Felipe V confirma los privilegios y franquezas que fueron otorgados por diversos reyes a ambas villas.
El conjunto documental ha sido entregado este viernes a la institución archivística, que gestiona la Junta de Andalucía, por la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Nerja, Ana Isabel Iranzo, en un acto en el que ha sido recepcionado por la directora del Archivo, Esther Cruces.

Cruces ha destacado la iniciativa municipal que promueve esta restauración "cuidando de preservar, en las mejores condiciones posibles, aquella documentación que forma parte del patrimonio, la idiosincrasia y la historia de su localidad y guarda el testimonio de hechos que fueron trascendentales para la vida del municipio", ha añadido.

El libro es un documento formado por varios folios que se encuadernaron para su mejor conservación en forma de volumen. El documento se auto intitula 'Confirmación a las villas de Torrox y Nerja que son en tierra de la ciudad de Vélez Málaga de un privilegio que tienen de diferentes excepciones y franquezas en el contenidas: concertado'.

Este tipo de documentos expedidos por la Corona estaban encaminados a atraer población para estas villas que había sido incorporadas a la Corona de Castilla a finales del siglo XV, villas fronterizas que aún corrían peligro y que necesitaban atraer pobladores mediante incentivos fiscales, según han informado desde la Junta.

El paso del tiempo, la manipulación excesiva y la inadecuada instalación han provocado que el documento de los privilegios de ambas villas tenga actualmente un estado de conservación delicado, como consecuencia de diversas patologías derivadas de factores de alteración físicos, químicos, biológicos y mecánicos.
Ahora el taller del Archivo Histórico Provincial va a proceder a la restauración de este documento, así como de la copia de la Real Ejecutoria de la Puebla de Nerja para la entrega de los huertos, casas y tierras de ella de 1747 y la Toma de posesión de casas, huertos y dehesas de 1750.

martes, 13 de junio de 2017

Ramón Fernández Palmeral, más de 40 libros en Amazón y en LULU




La venta electrónica es cada vez más importante para nosotros. Pero los autores, al ser tantos, somos cada vez más invisibles. Los autores de Amazon hemos de pagar publicidad situar nuestros líbros en las ventenas preferentes del mercado, en las primeras pantallas. Siempre hay que pagar, es como la publicidad en PEensa, no es gratis.
Las librerias no pueden asumir todos los libros impresos que se editan en las importantes editoriales, cuando en España a penas se complan libros. Los agentes litearios no quieren originales de libros no solicitado. Para que edidor que publique has de ser primer famoso, esto es el mundo al reves, empezar por el tejando. han de ganar un premio liteario importante, ¿Cómo se hace esto? La venta de los libros electrónicos no es que deben ser mas visibles, sino que se necesitan liberías electróncias especializadas.
Un periódico contrata y paga a ciertas firmas, que tienen bula para escribir lo que le da la gana, como le pasa a ciertas firmas contrador por Pensa Ibérica, o Prisa, ABC, etc.

Ramón Palmeral y su libro es AMAZON son estos:

AMAZON.
https://www.amazon.es/s/ref=nb_sb_noss?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&url=search-alias%3Daps&field-keywords=ramon+fernandez+palmeral


LULU

Foto de algunos libros de Ramón Fernández Palmeral:

Jean-Marie Roughol de mendigo a escritor.

Un indigente logra un techo gracias al éxito de su libro

Jean-Marie Roughol ha vendido más de 40.000 ejemplares de su obra, en la que desgrana sus más de 20 años pidiendo limosna


El indigente Jean-Marie Roughol pide limosna en París, el pasado abril.
La salvación de Jean-Marie Roughol fue una frase de desprecio viajando hacia los oídos adecuados. Este indigente parisino pedía limosna en los Campos Elíseos cuando vio cerrar el candado de su bicicleta a Jean-Louis Debré, exministro del Interior y uno de los políticos más reputados de Francia. Roughol lo reconoce y le propone vigilársela mientras el dirigente entra a un complejo de tiendas. La breve conversación atrae la atención de una pareja. "¿Has visto? ¡Debré está hablando con un vagabundo!", le suelta él a ella en tono burlón. Lo oyen, y en un impulso de rabia, Debré le espeta la frase que lo cambiaría todo. "Escucha Jean-Marie, yo creo que tú tienes mucho más que contar que esa gente. Escríbeme tu historia. Escríbeme tu vida. Escríbeme un libro. Yo lo corregiré y encontraré un editor".
De ese encuentro fortuito con el antiguo ministro allá en 2013 salió a la luz dos años después una obra: Pido limosna: una vida en la calle, que ha vendido más de 40.000 ejemplares. Su éxito le llevó a entrar en la lista de los más vendidos en Amazon Francia y a ser traducido al chino, el coreano o el checo. Fue el inicio de un cambio de vida. Roughol tiene un techo desde que cobró los derechos de autor el año pasado. Un giro radical para un hombre que a sus 49 años ha habitado en esa despiadada trituradora de personas llamada calle la mayor parte del tiempo en las dos últimas décadas y ha salido con vida.
En su vivienda parisina, un pequeño estudio por el que paga 530 euros al mes de alquiler, la cafetera ruge. Roughol presume de fumar menos y enciende un cigarrillo cada veinte minutos. El debate político resuena en la televisión ante la inminencia de las elecciones. El izquierdista Jean-Luc Mélenchon es su preferido. "Un hombre que piensa en los desfavorecidos", le alaba. En la pared, sobre un mapa de París, aparecen señalados más de una decena de emplazamientos. Son los lugares donde ha ejercido la mendicidad.
El relato de Roughol, tanto en las páginas de su libro como de viva voz, es la historia de un buscavidas. Días y noches al raso. Las avenidas y bulevares de París, tan agradecidos con el viajero de paso, convertidos en armas mortíferas para sus inquilinos. De sus inhóspitas calles se refugia en andenes de metro habitados por ratas del tamaño de gatos y toxicómanos con la mirada perdida que algunas noches gritan entre delirios. También en los huecos de la escalera de cualquier edificio, de donde lo echan de malos modos; en casas okupadas sobre las que pende la amenaza de la llegada de la policía; en hostales plagados de cucarachas; bajo los cartones en cualquier esquina, o en albergues nauseabundos en los que apenas pega ojo víctima de robos y de la sinfonía de gases y ronquidos ajenos. A veces sube al último metro, se esconde bajo los asientos cuando todos los pasajeros salen, y al llegar el vehículo al garaje donde pasa la noche, sale de su guarida y se tumba a dormir en el vagón vacío, protegido de la inclemente meteorología.
Su primera noche en la calle, desorientado, sucio, recién retornado de hacer el servicio militar, sin haber cumplido aún los 20 años, sin familia ni trabajo, la pasa entre los arbustos del parque parisino de Buttes-Chaumont, oculto a los ojos de los guardias. Al día siguiente descubre las duchas públicas y trucos para procurarse comida. "Resbuscaba en las papeleras. Las cercanas a panaderías y tiendas de alimentación eran las mejor surtidas. Encontraba pan, dulces todavía envueltos o frutas".
Como recuerda entre calada y calada, cada jornada era para él un nuevo aprendizaje en el arte de sobrevivir. No son raros sus encontronazos violentos por el territorio. Sobre todo con bandas del Este. Toma consciencia de los peligros y empieza a llevar encima una navaja o un bastón para protegerse. "Si quieres echarme tendrás que matarme", dice a los que tratan de expulsarle de la zona donde pide limosna. Allí le acompañan amigos con los que forma un grupo digno de Los Miserables de Victor Hugo. Patrick, el hombre callado que solo da los buenos días. Gilles, el inventor de historias inverosímiles. Los veranos son la peor época. Deshidratado bajo la tiranía del sol y con los contribuyentes habituales de vacaciones, descubre que los turistas son un mal negocio para el sintecho. Nada que ver con el maná de la Navidad.
Antes de publicar el libro, en los días más productivos recauda unos 60 euros. En su camino se topa con lo peor de la condición humana. "No queremos vagabundos en Francia", le gritan entre insultos. A la vez constata la existencia de pequeños milagros: el desconocido que le da 300 euros. El bar que le permite comer gratis. Las anónimas manos que dejan una moneda en su vaso.
Cuando Debré le propuso escribir el libro, su primera reacción fue de vértigo. "No sé escribir, tengo faltas de ortografía", le advirtió. Pero dijo sí. Durante un año y medio alternó la escritura con el vaso extendido al viandante a modo de súplica. En ese tiempo vuelve sobre recuerdos lejanos y recientes. El vagabundo escribiendo en un parque o un café. El vagabundo haciendo memoria del abandono de su madre a los cinco años, de las brutales palizas de su padre, un camionero alcohólico, y del maltrato de los padres adoptivos con los que convivió temporalmente. El vagabundo, entonces niño, inventándose el regalo de cochecitos en Navidad para no ser el único del aula en admitir que Papa Noel no fue a su casa. El vagabundo recordando el día en que dos hombres intentaron robarle la mochila cuando pedía limosna y logró echarlos a golpes.
Llena cuadernos y se reúne con Debré en cafés de París, donde lo invita a comer mientras discuten sobre el texto. Alguna vez se ven en su elegante despacho del Consejo Constitucional y Roughol se mueve impresionado entre sus majestuosas estancias doradas. El político lo entrevista durante horas para llenar las lagunas de su historia. En ella hay momentos en los que parece salir del agujero con trabajos temporales, reparando averías como electricista o preparando crepes junto a los clubes de striptease de Pigalle. Con sus empleadas comparte lecho alguna noche. También hay momentos oscuros: fue detenido y multado por robar en una casa, aunque no entró en prisión.
La vida de Roughol es ahora cómoda. Duerme caliente, come caliente, se ducha caliente. Y de ser parte invisible del mobiliario urbano ha pasado a recorrer los estudios de radios y televisiones. La fama no ha zanjado la inquietud sobre su futuro económico más allá del libro. Dice que por eso cada mañana se lanza a la calle y sigue pidiendo dinero a los viandantes. Más aseado y mejor afeitado que tiempo atrás.
En el camino hacia el lugar habitual donde pide, un indigente se le acerca intuyendo en él a un personaje importante al ver que está siendo grabado por un cámara para este reportaje. Huele el dinero. Le implora unas monedas para un café y Roughol, que se sabe observado, se las da y le cuenta que él también es un hombre de la calle tendiéndole su libro como prueba. El joven le observa con incrédula admiración y se despide de él con un apretón de manos.
En la cálida forma de saludar y relacionarse con los que están habituados a verle pedir en la calle se atisban en Roughol motivaciones que desbordan la cuestión financiera. Reconoce que le empuja una cierta nostalgia. Como el preso que quiere regresar a prisión porque añora a sus compañeros de celda o simplemente porque el ser humano es un animal de costumbres. Porque como ha conocido en la persona de algunos de sus compañeros de periplo (muertos de frío, accidentes o enfermedades) la calle mata, pero es el centro de un inagotable universo de estímulos que ahora no encuentra en el silencio de su pequeño apartamento.
Entre sus paredes, dedica las tardes a escribir la adaptación de la obra al teatro buscando prolongar el éxito que le sacó de las esquinas. Ha descubierto que las palabras, mezcladas de una determinada manera, también pueden salvar vidas. "Si no hubiera escrito el libro, seguramente yo también habría muerto en la calle".

lunes, 12 de junio de 2017

la función de los agentes literarios. Contactar con uno es tan imposible como contactar con un editor.

Tan importante se vuelve la función del agente literario en el contexto actual, que en los grandes mercados no hay escritores que no tengan agente. Los editores por lo general prefieren recibir un manuscrito de un agente que del autor, y así se lo hacen saber a quienes les escriben directamente.
 El agente les garantiza al edito que, si les ofrece una determinada obra, es porque ya sabe que es adecuada para su catálogo y su política editorial. En síntesis, el agente funciona como el primer comité de selección de la editorial, y a veces como el único. Cuando Doubleday, una de las más importantes editoriales de los Estados Unidos, decidió hace un par de años no aceptar más propuestas recibidas directamente de los escritores, estaba recibiendo más de 10.000 manuscritos anuales. Como consecuencia, hoy en la librería virtual Amazon, aparecen más de una docena de libros al estilo de "guía práctica para conseguir un agente literario y llegar a ser publicado". Desde el punto de vista del autor, es difícil pensar en llegar al editor adecuado en forma directa. Por ejemplo, en nuestro idioma y simplificando mucho, hay unas 500 editoriales activas entre España y América Latina ¿Cómo saber a cuáles enviar un manuscrito?

 Contar con un agente literario, por supuesto, facilita mucho las cosas, ya que ellos conocen muy bien cómo conseguir un trato (no en vano es su trabajo). Sin embargo, conseguir uno puede ser tan difícil como conseguir que una editorial nos publique por nuestra cuenta. Es decir, nos facilitará el camino, pero no todos nos aceptarán. Al trabajar por comisión, no van a perder el tiempo con propuestas que no merezcan la pena. Hay que pasar por su filtro, al igual que hay que pasar por el de las editoriales. (Nereda)

domingo, 11 de junio de 2017

Almería Hoy. Publica "Juan Goytisolo y los Campos de Níjar"

Juan Goytisolo y 'Campos de Níjar'

A mí, como a Goytisolo, también me produjo una honda impresión el bello paisaje de Almería, la primera vez lo vi, pues uno está acostumbrado a tener como canon de belleza paisajística los verdes bosques del Pirineo, o de Galicia; pero Almería, con el desierto de Tabernas y el litoral del Cabo de Gata, tiene unas peculiaridades únicas.

El escritor Juan Goytisolo (archivo). // EP.
ALMERÍA HOY.

RAMÓN PALMERAL

El pasado domingo 4 de junio falleció a los 86 años en Marrakech (Marruecos) el escritor, viajero y nómada contestarío Juan Goytisolo Gay, Premio Cervantes 2014, a pesar de haber merecido otros importantes premios. La cuestión emocional que me une a Goytisolo se debe a su libro 'Campos de Níjar' (1959) que leí cuando residí en San José (Almería) entre 1983 y 1986, cuya primera frase del libro dice: «Recuerdo la profunda impresión de violencia y pobreza que me produjo Almería...» A mí, como a Goytisolo, también me produjo una honda impresión el bello paisaje de Almería, la primera vez lo vi, pues uno está acostumbrado a tener como canon de belleza paisajística los verdes bosques del Pirineo, o de Galicia; pero Almería, con el desierto de Tabernas y el litoral del Cabo de Gata, tiene unas peculiriedares únicas.

Por mi conocimiento del campo de Níjar y sus localidades, escribí un ensayo titulado 'Tras los pasos de Juan Goytisolo por los Campos de Níjar' — Editorial Palmeral 2005 y en Amazon en 2017—. Un ensayo del que, al tener conocimiento el realizador Nonio Parejo & Asociados de Sevilla, me invitó a ir a Retamar para rodar el documental 'Releyendo Campos de Níjar', que era una serie de entrevistas de intelectuales almerienses con inserción de imágenes de su primera película sobrecogedora y de miseria de 'Campos de Níjar' en blanco y negro, de 1984, con la voz en off de Juan Goytisolo y guión de José Guirao.

Durante los días del rodaje con Nonio Pajero y Pepe Álvarez en el Cabo de Gata —13 y 14 de junio de 2006—, sobre pantalla verde, pues lo reportajes de la zona los filmó él con cámara en un ala delta, ya que los drones aún no estaban en el mercado, hablamos y me enteré de que Juan Goytisolo vivía en Marrakech desde 1976, por eso conocía y le seducía la cultura y el idioma árabe, y fue guionista del programa 'Alquibla' (hablamos de su orientación homosexual, pero en este tema no voy a entrar).

Después del servicio militar obligatorio en las Milicias Universitarias, marchó a París, donde conoce al novelista Jean Genet y a la escritora y guionista francesa Mónica Lange en 1956, con la que, tras vivir 32 años en pareja, se casa en 1976, con la que no tuvo hijos, ella tenía una hija llamada Carole de una relación anterior.

Después del documental 'Releyendo Campos de Níjar', Nonio Parejo realizó otro documental sobre el mismo tema titulado 'El Regreso', que presentó en el Festival de Cine Europeo de Sevilla de 2010. Sobre Almería, Juan Goytisolo tiene dos libros «Campos de Níjar» (1959) y «La Chancha» (1962), dedicado al típico barrio del mismo nombre en la capital almeriense, que le valieron a Goytisolo el título de hijo adoptivo de Almería. Años después, en 1998, sus protestas por las persecuciones de inmigrantes subsaharianos y magrebíes en El Ejido le valdrían ser repudiado como Persona non grata. Después de ganar el Cervantes, el Ayuntamiento de El Ejido reconoció que, oficialmente, no figuraba en las actas de dicho Ayuntamiento tal reprobación.

Al menos, Goytisolo se fue al otro mundo sabiendo la verdad un entuerto que le tenía preocupado, pero que en el fondo, tenía la conciencia tranquila por haber denunciado la situación de semi-esclavitud de los inmigrantes en los invernaderos de El Ejido, porque era una verdad visible y cierta. En 2007 visitó el barrio de La Chanca; tenía empatía con Almería y la gente humilde.

Un catalán que despreciaba ser español: Juan Goytisolo

Juan Goytisolo: lo bueno y lo malo de tener una voz propia

Eternamente insatisfecho, el autor de Señas de identidad quiso hacer de su obra un gran proyecto monumental. Tan mionumental que, a veces, se convirtió en autoparodia.
Si hay algo que nadie puede poner en duda acerca de la obra narrativa de Juan Goytisolo es su ambición. La frustración que le producían sus primeras novelas, representativas hoy del "realismo social" de nuestros años 50, se prolongó en unos interesantes ejercicios periodísticos -incluso de novela documental, como es el caso de La isla, que en Inglaterra, con el título de Sands of Torremolinos se presentaba casi como un reportaje sobre lo que estaba ocurriendo en la Costa del Sol- a comienzos de los 60: Campos de Níjar, La Chanca -sobre el deprimido barrio almeriense-, Pueblo en marcha -sobre la revolución cubana. La labor periodística de Goytisolo volvió a brillar más adelante con sus reportajes balcánicos: era bastante más interesante que sus intervenciones de intelectual comprometido, permanentemente enfadado y protestón contra una oficialidad que, por otra parte, siempre respondió a sus quejas con premios, honores y cursos de verano.
Lo cierto es que la ambición de Juan Goytisolo le llevó a probar sus fuerzos y talentos en un modo de narrar que no se conformara con unas maneras que, en sus propias palabras, no servían más que para poner de manifiesto la impotencia de unos recursos.
Fue así como, en cinco años más dedicado aparentemente al periodismo que a la narración, se entregó a la composición de su primera obra mayor: Señas de identidad, una novela caudalosa en la que, oyendo las lecciones del modernismo, juega con distintas voces y tiempos para hacer una indagación en la propia experiencia -personal y familiar- utilizando a un personaje, el fotógrafo enfermo Alvaro Mendiola, que regresa a España para reencontrarse con un país aplastado por la grisura, la mediocridad, el asco contagioso. Un regreso que le depara una sola evidencia: la necesidad de romper con todo, desarraigarse como único método de salvación, toda vez que las raíces están podridas. Goytisolo se empeñó en esa empresa de largo alcance, a la que agregó una Reivindicación del Conde Don Julián y un Juan sin Tierra que, a cambio de darle monumentalidad a su proyecto quizá le restó potencia e intensidad, pues lo llevó al peligro al que se expone todo aquel que consigue dar con una voz propia, reconocible, influyente: caer hacia lo pompier, hacer que la pomposidad vuelva parodia lo que fue genuino. De ahí que, embarcado en ese proyecto, para superarlo, llegase a firmar novelas que parecían escritas por sus más enervados discípulos. Esa necesidad, que en un principio no era sólo formal sino también de fondo, acabó quedándose sólo en lo formal en obras que, como Makbara, aunque llegaban a imponerse como lectura obligatoria en los institutos de bachillerato para evidenciar la presunta modernidad de nuestra narrativa, hoy parecen tener sólo un interés histórico, aunque quepa valorar el riesgo que corría el autor por eliminar cualquier tapia que separase a los géneros: de ahí que pueda leerse la novela como un despeinado conjunto de poemas, o más bien oírse como un no siempre bien afinado coro de voces que tratan de agarrar una realidad cambiante, fugaz, inasible, de la que apenas nos puede llegar un reflejo de prosa nerviosa y puntos suspensivos.

Dado que Juan Goytisolo firmó una amplia obra ensayística, dejó bien clara cuál era la tradición en que quiso inscribir su propia obra narrativa: una heterodoxia de voces que compartían ese desarraigo en el que él quiso buscar sus raíces, por paradójico que suene. De ahí que se buscara constantemente en unos cuantos autores como Blanco White, de quien fue impenitente defensor, el católico que abjuró del catolicismo, el español que detestaba la España imperial y luchó y celebró que España perdiera sus colonias de ultramar. No en vano el ensayo con el que, en 1972, recuperaba la enigmática figura de Blanco terminaba con una confesión que por otra parte no hubiera hecho falta: "Al hablar de Blanco White no he cesado de hablar de mí mismo". De sí mismo y de un país y una sociedad que le repugnaban y que le llevó a una disidencia que terminó por convertirse en un disfraz poco convincente, están llenas las mejores páginas de Señas de identidad, que todavía conservan su altanera frescura cuando se entregan a la sátira más descarada y violenta -como cuando se caricaturizan los mitos nacionales y el carácter español- pero que se desinflan cuando se quiere, unamunianamente, hacer de España un dolor, un martirio, el nombre de una enfermedad incurable, otorgándole acaso una importancia que, a qué engañarse, tampoco era para tanto.

La mala vida de Juan Goytisolo. Luis Alemany. El Mundo








Goytisolo: malas calles, hombres, grifa y soledades





Juan Goytisolo en un café de Marruecos con Ibrahim. ÁLBUM FAMILIAR

Buscó su identidad sexual en las calles de Barcelona. Coqueteó con un colombiano y con Raimundo.. Después se enamoró de Monique Lange.


No debió ser fácil querer a Juan Goytisolo, sentir algo más cálido que el respeto temeroso ante esa mezcla escalofriante de distancia altiva y frágil timidez que mostraba al trato. Pero tampoco es fácil dejar de sentir fascinación por una historia llena de contradicciones y de transgresiones que el propio Goytisolo contó en sus dos libros de memorias, saltando en la narración de la primera a la segunda persona.
Coto vedado, su primer libro autobiográfico, apareció en 1985. Es probable que sus primeros lectores apenas recuerden partes del libro, 32 años después, como el relato de las soledades de un muchacho básicamente homosexual en la España de los años 50. Algunas escenas están narradas con tanta crudeza y nitidez que, al leerlas hoy, dan ganas de entregárselas a un cineasta. A André Téchiné, por ejemplo.




Madrid, invierno de 1953. Goytisolo ha dejado Derecho, convencido de que su destino es escribir. Ha terminado Juegos de manos, su primera novela, y ha salido de Barcelona sin gran cosa que hacer, un poco por hacer tiempo y un poco para alejarse de la semiquiebra de la empresa de su padre, José María Goytisolo Taltavull. En Madrid no tiene ninguna obligación, de modo que sale de juerga. Su barrio es Argüelles y su compañía es una pareja de estudiantes colombianos, borrachuzos y descarados, con facilidad para el sablazo y afición a los prostíbulos. Una noche, Goytisolo sale con Lucho, el preferido de los dos colombianos. Beben tanto que el guión de la noche se vuelve confuso.
Al final de la madrugada, 'algo' inesperado y sin determinar pasa a la puerta de una taberna. Algo grave. Al día siguiente, el rumor de que alguien, aparentemente desconocido, ha abusado de la confianza y la integridad de Lucho llega hasta Goytisolo, aunque el escritor no recuerda nada.
Da igual: la noticia cae sobre él como una sentencia: esa intuición que el joven siempre había guardado en algún rincón de su cabeza ya es una certeza: Goytisolo pertenece a la "tribu de los malditos" de la que hablaba Marcel Proust.
Pero Lucho no tiene nada que reprochar a su amigo barcelonés: no se ha enterado de nada o quizá sea que no es tan inocente. Siguen saliendo juntos, sigue siendo especialmente cariñoso con él. Una noche, se encierran en el reservado de un bar con dos prostitutas. Cenan, beben y, después, empiezan a acariciar y besar a las dos mujeres. El escritor, que siempre tendía a comportarse con desinterés con las mujeres, encuentra combustible para el coraje sexual: Lucho le mira mientras actúa. Y él mira a Lucho.




Días después, al final de otra juerga colosal, Goytisolo mete a su amigo en la cama para que duerma la borrachera. Desde las sábanas, el colombiano le llama, "ven aquí, quédate conmigo", pero Goytisolo, que no ha bebido como su amigo, sospecha que le han tendido una trampa, una prueba que demostrará que es homosexual. Se aleja de Lucho aquella noche y, pocos días después, se va de Madrid y vuelve a Barcelona.
Aquel es el último Goytisolo inocente, el tipo aún formal aunque un poco raro al que sólo le faltan unos días para encanallarse. En casa, le espera un viejo amigo suyo, Carlos Cortés, que ha pasado por la cárcel. Con él, Goytisolo habrá de conocer los bajos fondos: los travestidos, los traficantes, los proxenetas, los chaperos... El descubrimiento le entusiasma. Empieza a frecuentar el Barrio Chino, a fumar grifa y, por primera vez, a encamarse con hombres que encuentra en 'malas calles'. Pero aún no está preparado mentalmente para romper ese tabú. Sus primeros encuentros homosexuales son gélidos, poco satisfactorios. Goytisolo vuelve a pensar que, quizá, él también sea normal.
No tuvo esa 'suerte'. Durante el verano, Goytisolo se aficiona a un bar de la Barceloneta abandonado ante el mar y frecuentado por gente del arrabal: El Varadero. Allí, entre otros personajes pintorescos, reina Raimundo, un gitano analfabeto y ex presidiario, sin domicilio claro ni familia, fuerte, bigotudo y extremadamente viril. La historia de su vida cambia cada vez que Goytisolo la escucha pero su estampa y su carisma le fascinan. El molde de todos los hombres que habrían de atraer a Goytisolo durante su vida estaba guardado en Raimundo. "Nunca me verás con un escritor ni con un hombre educado", le dijo al escritor a Jaime Gil de Biedma, algunos años después.




Raimundo tampoco se acostó nunca con Goytisolo. Una noche, al final del verano de 1953, después de beber durante horas y de despedirse, el escritor se presentó en su chabola pero su amigo lo acostó cariñosamente como a un hermano pequeño que llega a casa bebido. Como Goytisolo había hecho con Lucho en Madrid. Para otoño, Juan estaba camino de París. Aunque, a la vuelta, frecuentó el Varadero durante años, Raimundo desapareció del mapa.
París es otro de los grandes escenarios en la vida de Juan Goytisolo. Pero lo que nos interesa no es el viaje de 1953, propio de un joven pobre, confundido y más interesado por los libros y el comunismo que por la vida alegre, sino el de 1956, el año en el que el escritor barcelonés dejó España para no volver nunca más que como visitante. Uno de los desencadenantes de aquel exilio fue el interés que mostraba por él el comisario Juan Creix (el jefe de la Brigada Político Social en Barcelona), un personaje ambiguo y novelesco que un día empezó a preguntar por los gustos sexuales de Goytisolo.
Saltamos ahora a otro libro, Los Goytisolo (Anagrama, 1999), la biografía de la familia que escribió el mallorquín Miguel Dalmau. Allí, el nombre de Monique Lange aparece por primera vez en la página 305 como si fuera Jean Seberg cantando New York Herald Tribune! en una película de Godard. Encantadora, sonriente, con el pelo corto, culta, desprejuiciada... Todo lo contrario que las mujeres con las que Juan había conocido e ignorado en España hasta entonces. Dalmau, de hecho, cuenta que, hasta entonces, Goytisolo sólo había tratado con mujeres en los prostíbulos.
Lange era otra cosa. Trabaja en Gallimard, la editorial más prestigiosa de Francia. Su jefe, Dyonis Mascolo, había recibido noticia de la existencia de los libros de Goytisolo y lo había citado para una entrevista y a Monique le tocó recoger a Juan. El flechazo. La felicidad. El sexo. El primer viaje a Barcelona... Y la maldición que, una noche de juerga, deja caer la bruja mala sobre los enamorados.
La bruja mala de esta historia es el escritor Jean Genet y la anécdota ha sido contada mil veces. Genet le dijo a Goytisolo ante su futura mujer: "¿Es usted maricón?". "He tenido algunas experiencias". "¿Experiencias? Así habla un pederasta inglés".
Lange nunca debió de ignorar que a Goytisolo también le gustaban los hombres. Esta semana, Javier Rodríguez Marcos hablaba de la carta en la que el español le explicaba, un poco enrevesadamente, cuál era su conflicto. Lange le contestó con un "te quiero, tengo ganas de verte" y la pareja echó a andar. Pero no todo fue sencillo: Casetas de playa, la novela más conocida de Lange, presentaba a una mujer, más o menos abandonada en una playa de Normandía, que piensa en su marido, un escritor español exiliado que busca los barrios rojos de París, igual que los toros persiguen el capote de los toreros. El relato es triste, pero el problema no es la transgresión; el problema es el carácter insondable del escritor español, los complejos y tormentos que se intuyen pero que nunca pueden llegar a ser planteados.
Insondable es una buena palabra para explicar a Juan Goytisolo gay, cuya historia empezó como si imitara Los Buddenbrock de Thomas Mann, siguió como si fuera una novela de Boris Vian y acabó como en un texto de algún escritor tangerino de los legendarios años 50 y 60. Cuando Monique Lange se murió, en 1996, Goytisolo se instaló en Marrakech. Allí, durante muchos años, se hizo acompañar de Ibrahim, un hombre indescifrable que siempre paseaba en silencio, dos pasos por detrás del escritor, en las salidas por la ciudad. Ibrahim es un hombre grande, viril y bigotudo, algo así como el descendiente de Raimundo, el de la Barceloneta, aparecido al otro lado del Mediterráneo 50 años después.
























28
@antoniamun #17 el suyo es posiblemente el comentario mas sabio que he leído en este medio (y he leído muchos).
27
@unpaisquenofunciona #19 - Wilde se dió cuenta tarde que su forma de ver la vida cuando era millonario y famoso era irreal y un engaño, de todas formas fué un brillante intelectual y un genio literario, creo que a años luz de Goytisolo.
26
Este emporcamiento no hubiera pasado la criba con el Sr Cuartango.
25
Si lo que le pasó con aquel "jovencito" le hubiera pasado con una "jovencita", hace al menos tres décadas que su mero nombre estaría vetado en todos y cada uno de los medios de comunicación.
24
Se fué a Marruecos a meditar ayudado por plantas alucinógenas y a que le dieran, con la excusa de ser exiliado político?.No sé,pregunto.
23
All the freaks come out at night (ZZ Top)....
22
Artículo valiente que nos descubre otra cara del personaje. Me ha parecido muy interesante.
21
@prestitango #5 Mi vida es aburrida y monótona. Soy autónomo, que tengo que pagar salarios y seguridad social de mis trabajadores cada mes, exporto productos a Europa y aquí en el sur soy un maldito patrón. Lo que no soporto es la vomitiva doble moral de la izquierda. En cualquier país si manties relaciones con una persona borracha es violación, pero si una persona de izquierdas te da es que has entrado en "EL CLUB DE LOS MALDITOS". Si vas al puticlub eres PUTERO, pero si va una persona de izquierdas es vivir los bajos fondos intensamente.
20
Me temo que para vender libros hace falta algo mas que excentricidades, al menos en estos tiempos.
19
@prestitango #6 No se entiende la comparación. Cuando menos wilde sacó algunos punzantes epigramas y una novela estimable, y si apuramos un poco hasta un renombrado poema, y todo ello aun arrastrando una impronta afectada que aún hoy mas que ofender estorba y resta crédito..