domingo, 4 de junio de 2017

Ha fallecido Juan Goytisolo. 4 de junio de 2017

 

                                       (Caricatura, dibujo, retrato por Ramón Palmeral)





El escritor Juan Goytisolo ha muerto este domingo, 4 de junio, a los 86 años en Marrakech (Marruecos), según ha confirmado la agencia literaria Balcells. En 2014, seis años después de despedirse de la ficción, obtuvo el Premio Cervantes, el más importante de las letras en español. El novelista barcelonés, uno de los autores más cervantinos de la literatura española reciente, lo recibió en Alcalá de Henares luciendo la única corbata que tenía en el armario y dedicando su discurso a los habitantes de la medina de Marrakech, sus vecinos desde que se instalara allí en 1997 con la familia de su amigo, y expareja, Abdelhadi. Hasta ese año, y desde 1956, sus vecinos eran los inmigrantes del Sentier parisino, el barrio en el que vivió con su esposa, la escritora francesa Monique Lange. En París recaló después de abandonar para siempre Barcelona, la ciudad en la que había nacido el 5 de enero de 1931.
Si la muerte de Lange, ocurrida en 1996, marcó su vejez e inspiró la novela que cierra su obra narrativa —Telón de boca (2003)—, su infancia estuvo marcada por otra muerte: la de su madre, Julia Gay, en 1938 durante un bombardeo de la aviación franquista sobre la Ciudad Condal. Aquella desaparición dejaría al cuidado de su padre a los hermanos Goytisolo (Marta, José Agustín, Juan y Luis) y funcionaría como hito sentimental en la obra de los tres varones cuando se convirtieron en escritores.
Debutante como narrador en los años de la literatura social de posguerra —su primera novela, Juegos de manos, es de 1954—, Goytisolo siempre estableció una relación directa entre su abandono del realismo y la asunción de su homosexualidad. A contar esa evolución personal, remontándose a la infancia, consagró en los años ochenta del siglo pasado dos magistrales libros autobiográficos: Coto vedado y En los reinos de taifa.






El verdadero parteaguas de su obra es, sin embargo, una novela prohibida en España hasta la muerte de Franco cuyo título provisional salió de un verso de Luis Cernuda, referente intelectual de Goytisolo junto a autores como José María Blanco White o Américo Castro: Mejor la destrucción, el fuego. El libro se publicó en México en 1966 con un título que haría fortuna: Señas de identidad. Con 35 años, Goytisolo cambiaba la narración tradicional en tercera persona por una suerte de “verso libre narrativo” en la que se mezclan las personas verbales, los tiempos y los materiales hasta formar un collage de estirpe vanguardista. “Señas de identidad nace de la insatisfacción respecto a mi propio trabajo”, decía. “Con los primeros libros había cumplido con mi deber de ciudadano, pero no con mi deber de escritor: devolver a la literatura algo distinto de lo que recibiste. Sin la idea de novedad no hay obra verdadera, y yo no había roto con el canon literario”.






Goytisolo será enterrado en el cementerio civil de Larache, en Marruecos


EFE
Juan Goytisolo será enterrado en el cementerio civil de Larache (norte de Marruecos), según informaron a Efe fuentes consulares españolas que se han hecho cargo del cadáver.
Goytisolo había dejado claro que quería ser enterrado en Marruecos y que no deseaba que fuera un cementerio católico, con lo que no quedaban muchas opciones, ya que la mayor parte de cementerios son camposantos musulmanes, judíos o cristianos.
La familia "ha considerado que el cementerio civil de Larache es una buena opción", señalaron las fuentes. Allí está enterrado el escritor francés Jean Genet, por quien Goytisolo siempre profesó admiración.
Novelas como Reivindicación del conde don Julián, Juan sin tierra, Makbara, Las virtudes del pájaro solitario o Carajicomedia recurrieron a la experimentación formal para abordar asuntos tan tradicionales como las miserias políticas y literarias españolas, la tradición sufí o la mística sanjuanista. En paralelo, y fruto de sus trabajos para EL PAÍS, Goytisolo fue publicando en forma de libro sus reportajes sobre Argelia, sobre Chechenia o sobre el Sarajevo asediado durante la guerra de los Balcanes. Además de ocuparse de la cara más heterodoxa, libertina y rijosa de la tradición hispánica -de La Celestina a La lozana andaluza-, consagró la serie de documentales para Televisión Española Alquibla a divulgar la cultura musulmana. Siempre tuvo a gala ser el primer escritor español que hablaba árabe desde el Arcipreste de Hita.
Goytisolo vivía en Marrakech con lo que él llamaba su “tribu” —la familia de Abdelhadi— pero nunca dejó de viajar a París para visitar a Carole, la hija y a la nieta de Monique Lange (anterior matrimonio9 o a Barcelona para hacer lo propio con sus sobrinos, de los que hablaba con una devoción doblemente conmovedora en alguien poco dado a las efusiones.
En 2008 publicó El exiliado de aquí y allá, una secuela –“tal vez innecesaria”, decía él mismo- de Paisajes después de la batalla, su novela más parisina. Cuatro años más tarde vio la luz una breve colección de poemas: Ardores, cenizas, desmemoria. En marzo de 2015, semanas antes de recibir el Cervantes de manos del Rey Felipe VI, depositó en la Agencia Balcells un libro inédito con la orden de que se publique 10 años después de su muerte. Cuando se le preguntaba por el contenido, Goytisolo contestaba, lacónicamente, que trata “sobre asuntos sociales y personales”. Nunca una respuesta tan plana habrá retratado mejor la obra de alguien que cruzó hasta el final sus zozobras vitales con las de su tiempo.



Juan Goytisolo, el nómada disidente

El escritor Juan Goytisolo, en abril de 2015, días antes de recibir el Premio Cervantes. :: Javier Lizón / efe
El escritor Juan Goytisolo, en abril de 2015, días antes de recibir el Premio Cervantes. :: Javier Lizón / efe
  • El heterodoxo escritor barcelonés, premio Cervantes y autor de 'Señas de identidad', muere en Marrakech a los 86 años


La voz heterodoxa, radical, crítica de Juan Goytisoslo, escritor nómada y disidente, se apagó para siempre en la misma ciudad de Marrakech en la que eligió transterrarse. Murió con 86 años, dos después de ser reconocido como uno de los grandes narradores de su tiempo con el Premio Cervantes tras toda una vida nadando y narrando contra corriente. 'Rara avis' de nuestras letras, «anómalo como todo creador», según su propia definición, este gran y extrañado heterodoxo de las literatura en español se instaló por voluntad propia en la «nacionalidad cervantina». En la estirpe del creador del Quijote que, según él, «fecundó la totalidad de la novela europea».
Murió Goytisolo «por causas naturales», en su propia casa, en la medina de Marrakech y acompañado por los suyos -«mi tribu», llamaba a la familia Abdelhadi-. Tras una fractura de cadera su salud se había deteriorado en los últimos meses y se movía en silla de ruedas. Dejó dispuesto que no quería descansar en un cementerio católico y que sus restos permanecieran en Marruecos. Recibirán así sepultura en los próximos días en el cementerio civil de Larache, según acordó su familia, el mismo lugar en el que está enterrado su admirado Jean Genet.
Juan Goytisolo Gay nació en Barcelona el 5 de enero de 1931, en una familia vasco-cubana. Hermano de los también escritores Luis -narrador y académico- y José Agustín -poeta fallecido en 1999-, estudió Derecho en la Universidad de Barcelona. La muerte de su madre, Julia Gay, en un bombardeo franquista en 1938 marcó su infancia. Autor de medio centenar de títulos, transitó por la novela, el ensayo, la literatura de viajes, el cuento y las memorias en una obra cuyo denominador común es el compromiso y la libertad. El legado del iconoclasta narrador y ensayista es una obra exigente, arriesgada e independiente, con títulos legendarios como 'Campos de Níjar', 'Señas de identidad', 'Juan sin tierra', 'Reivindicación del Conde don Julián' o 'Coto Vedado', un duro autorretrato en el que afrontó sin tapujos su homosexualidad y que completo con 'En los reinos de Taifa'.
Paradigma de la incorrección política y la disidencia -el único ganador del Cervantes que se negó a vestir de chaqué-, fue un látigo contra los peores vicios del poder y la sumisión ideológica. «No hay corrección política. Como las fantasías sexuales de cada cual, que no tienen que pasar por ninguna corrección», decía Goytisolo, considerado por otro Cervantes, Carlos Fuentes, como «uno de los mejores escritores del mundo». Un autor «esencial», según José Manuel Caballero Bonald, otro rebelde cervantino.
Dijo en 2001 que no aceptaría distinciones como el Cervantes o el Príncipe de Asturias. Pero no cumplió su palabra. Ni rechazó el Nacional de las Letras en 2008, ni rechazaría luego el más alto premio institucional, que dedicó a sus vecinos de la medina y recibió de 'traje civil', con la única corbata que tuvo en su vida. Ganó el Cervantes «por su capacidad indagatoria en el lenguaje», por «su voluntad de integrar a las dos orillas, a la tradición heterodoxa española» y por «su apuesta permanente por el diálogo intercultural».
Puentes
Ya en pleno franquismo se convirtió en uno de los escritores más incómodos y comprometidos de la segunda mitad del siglo XX. Lúcido interlocutor entre la cultura europea e islámica, jamás se apearía de su excéntrica posición intelectual y de tender puentes sobre el Mediterráneo y el Atlántico.
Conocedor y estudioso del mundo árabe -llegó a Marrakech en 1976 para estudiar el árabe dialectal-, con sus artículos, ensayos y series de televisión dio a conocer su realidad a Europa. Muy pesimista ante la democratización real del mundo árabe y la crueldad del Estado Islámico, equiparó la situación en los países que lo soportan a la Europa del siglo XV.
Abominaba «de cualquier nacionalismo, sea árabe, catalán, español, vasco o gallego». Juzgaba «viciado» el debate soberanista en Cataluña y afeó a Europa y a Bruselas su nefasta gestión del drama de la inmigración. «Desde que existe la especie humana existe la inmigración. Hay un flujo imparable de todo el continente africano que quizá sea una carga excesiva para Italia. Se necesita un esfuerzo común para frenar esta tragedia», señaló.
Comunista fugaz y contestatario, defensor de los derechos de las mujeres, los emigrantes, los homosexuales y de todas las minorías, azote del racismo y los abusos del poder, no dejó nunca de reclamar «una transición cultural» en España que debía, a su juicio, haber acompañado a la transición la política, «que se hizo todo lo bien que se pudo».
Su obra, apreciada antes fuera de nuestras fronteras que en casa, mereció premios como el Nacional de las Letras, el Formentor, el Europalia de Literatura, el Octavio Paz y el Juan Rulfo otorgados en México, el Rachid Mimumi, concedido en Francia a la tolerancia y a la libertad, y el Nelly-Sachs en Alemania.